“Gobernando fábulas”

Después de estos meses, pareciera que parte de la clase política y empresarial no ha logrado entender el país y la democracia en los que estamos viviendo, así como las fábulas que se han construido a partir de sus propias actuaciones.

27-02-2017

Sabemos que los gobiernos suelen construir narrativas que tratan de explicar brevemente el propósito que los convoca. Más allá de las estrategias comunicacionales que éstas implican, en general lo que se intenta es transmitir a los gestores públicos, y a los ciudadanos en general, las ideas claves que explican la finalidad de su administración. De esta manera, los gobiernos construyen sus fábulas e historias.

Estas, como ha sostenido la literatura (S. Borins), pueden ser representativas de actuaciones heroicas, incluyendo muestras de sacrificio capaces de producir grandes cambios. Pero también saben transformarse en ironías trágicas o satíricas, que se traducen en enseñanzas de lo que no se debe hacer, porque tienen la capacidad de sepultar propuestas políticas futuras.

Esto fue lo que sucedió con la administración de Sebastián Piñera, cuando sostuvo que el suyo sería “el gobierno de los mejores”. Sin embargo, con indiferencia de los resultados de su mandato, muchos de sus colaboradores han tenido problemas con la justicia precisamente por decisiones, no necesariamente de las mejores, que adoptaron en el desempeño de sus cargos. Por su parte, la segunda administración de Bachelet prometió un país inclusivo, tratando de corregir las desigualdades sociales. Sus propuestas de reformas han terminado siendo tan ambiciosas -principalmente al tratar de ejecutarlas en menos de cuatro años- que tendrán efectos limitados o nulos, y en algunos casos pueden terminar siendo derechamente regresivas.

Pero esto no sólo afecta a los gobiernos, sino que también a los que participan del debate público, sobre todo cuando tienen un alto poder de influencia. Por estos días, una de las publicaciones más veneradas por los empresarios y políticos conservadores de nuestro país, The Economist, explicó por qué los chilenos estaban molestos con su clase empresarial. Según escribió la revista, la causa es la sensación -en base a las investigaciones judiciales de todo tipo que afectan a la élite, incluida la de los negocios- de que las decisiones que afectan a “todos” se adoptan en las camarillas de algunos. La respuesta de empresarios como Andrónico Luksic fue que dicha caracterización era una “caricatura injusta”.

Las fábulas tienen el poder de transformar historias breves en enseñanzas éticas. El problema de no comprenderlas, ignorarlas o derechamente descalificarlas es que sus moralejas se vuelven inútiles, especialmente cuando corresponden a hechos de nuestra vida colectiva. Después de estos meses, pareciera que parte de la clase política y empresarial no ha logrado entender el país y la democracia en los que estamos viviendo, así como las fábulas que se han construido a partir de sus propias actuaciones. Para ellos, tal vez, leer las fábulas de Esopo pueda ser un buen comienzo para gobernar sus propias historias.

Disponible en La Segunda