“Al estilo de Valdés”

De cara a un proyecto de presupuesto, sabemos que lo importante no es cómo entra, sino cómo sale.

02-10-2016

SE SABÍA que la próxima discusión presupuestaria será difícil. No sólo estamos atravesando por un consistente proceso de desaceleración económica y una fuerte caída en el precio del cobre, lo que ha mermado de manera importante los ingresos fiscales, sino que también las políticas públicas implementadas por el gobierno han significado un importante aumento en el gasto corriente.

En ese escenario, con una reforma tributaria que no recaudó ni lo cercanamente esperado, y considerando que se trata de un presupuesto que ha de ejecutarse en un año de elecciones presidenciales y parlamentarias, el ministro de Hacienda tuvo que enfrentar una compleja decisión.

Por una parte, no son pocos, y con buenas razones, los que defendían la necesidad de que el proyecto que presentara el gobierno constituyera una clara señal de responsabilidad fiscal, en un momento donde se requiere recuperar la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros, poniendo el crecimiento del país en el centro de las preocupaciones de esta administración. Sin ir más lejos, en los últimos dos años el gasto fiscal ha aumentado 6,1% y 7,4% respectivamente.

Por otra parte, e incluso desde la perspectiva de darle más dinamismo al mercado, hay muchos que abogaban por un proyecto que acrecentara de manera importante la inversión pública, la que preferentemente debía concentrarse en programas sociales, satisfaciendo no sólo los actuales compromisos adquiridos por el ejecutivo, sino que también pudiera afrontar crecientes y legítimas demandas ciudadanas. Mal que mal, Chile sigue siendo un acreedor neto en la región.

Frente a este dilema, y considerando los énfasis que se hacen en seguridad ciudadana, educación y salud, el gobierno -liderado por Rodrigo Valdés- claramente optó por el camino de la responsabilidad fiscal. En efecto, la señal de aumento del gasto en 2,7% no sólo refleja una trayectoria de cuidado macroeconómico que ha tenido el país en las últimas tres décadas, sino también evidencia la importancia que nuestra principal autoridad económica le otorga a la sanidad de las finanzas públicas.

Hilando más fino, se trata de una clara señal de autoridad por parte del ministro, quien logró imponer su criterio por sobre el de otros consejeros de la Presidenta, dentro y fuera del gobierno.

De esta manera, y quizás como nunca antes en estos últimos dos años, se dio contenido a la primera palabra de la expresión “realismo sin renuncia”.Y aunque se trata de un espaldarazo importante para Valdés, quien resistió importantes presiones, e incluso varias descalificaciones, siempre fiel a esa imperturbable calma y resiliencia, sólo propia de Ned Flanders y Milhouse respectivamente, la verdad es que no da todavía para tirar fuegos artificiales en Teatinos.

Las más duras críticas y ataques están por venir; muchos de ellos desde el propio oficialismo. Por lo demás, de cara a un proyecto de presupuesto, sabemos que lo importante no es cómo entra, sino cómo sale.

Disponible en Voces de La Tercera