“Amoris Laetitia”

10-04-2016

En un texto dividido en 9 capítulos, el Papa Francisco recoge las conclusiones, y sus propias reflexiones, después de los dos sínodos de obispos que se dedicaron a este tema.

 

ESE ES el nombre del documento donde constan las última reflexiones de Jorge Mario Bergoglio sobre la familia. En un texto dividido en 9 capítulos, el Papa Francisco recoge las conclusiones, y sus propias reflexiones, después de los dos sínodos de obispos que se dedicaron a este tema.

Inmediatas reacciones se han generado tras algunas de sus palabras. Así por ejemplo, los sectores más conservadores se escandalizan por esta apertura y comprensión hacia las personas separadas o divorciadas, las que parecen ya no convivir en pecado mortal y, por los mismo, tampoco están irremediablemente excomulgadas (“…Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles…”). De igual manera, llamó la atención el que relativizara un tanto la abstención cómo único método moralmente válido para la planificación familiar (“…Los padres mismos y nadie más deben tomar en definitiva esta decisión a la vista de Dios…”), haciendo una importante distinción entre las tareas de promover y prohibir.

Por otra parte, sin embargo, los círculos más progresistas han lamentado que nuevamente se haya condenado de forma tan categórica la posibilidad de institucionalizar la diversidad sexual (“…no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia…”), contribuyendo según muchos a la discriminación y la violencia.

Pero más allá de los titulares, creo importante rescatar un cambio de tono y actitud que hace tiempo venía insinuándose con motivo de la nueva conducción de la Iglesia Vaticana. En efecto, acompañar, discernir e integrar, son palabras que se repiten recurrentemente en este escrito, haciéndose cargo de la realidad más que de un ideal, donde la particular complejidad del caso especial y concreto se impone a la prevalencia de las situaciones “normales generales” que inaugurara Tomás de Aquino y que por siglos campeara en la doctrina oficial de la Iglesia. Es revelador el cambio y la autocrítica cuando se señala que “… hemos propuesto un ideal teológico demasiado abstracto y demasiado artificial […] muy alejado de las situaciones concretas y las posibilidades prácticas […] Al considerar que todo es blanco o negro, a veces cerramos el camino a la gracia y el crecimiento…”.

Quienes se aventuren a leer estas 262 páginas podrán también advertir importantes ripios e inconsistencias, las que sin embargo se suavizan con refrescantes citas a Martin Luther King, Erich Fromm, Jorge Luis Borges, Octavio Paz o Mario Benedetti. Pero lo que realmente hace más amena la lectura, es su prosa sencilla, directa y ausente de grandes pretensiones teóricas. En efecto, Bergoglio no es un intelectual de fuste, ni nunca ha pretendido serlo. Lo que trasuntan estas letras no es ni más ni menos que la mirada de un hombre común, honesto, consiente de la fragilidad de la condición humana, hoy más preocupado de acompañar que de juzgar.

Disponible en La Tercera.

* Fotografía La Tercera.