“Calidad de vida en las comunas”

12-05-2015

El estudio confirma los enormes contrastes sociales del Gran Santiago y que a veces se esconden en los promedios agregados de ingreso, empleo o servicios.

 

La Cámara Chilena de la Construcción junto al Instituto de Estudios Urbanos de la UC sacaron una nueva versión del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU), que busca clasificar las ciudades del país a partir de indicadores vinculados a las condiciones labores, el entorno urbano y de la vivienda o el transporte.

Si el ICVU se mira por comuna, los resultados son bastante esperables: los municipios más ricos lideran el ranking, encabezados por Las Condes, Vitacura y Providencia; mientras que los más pobres se ubican en los últimos lugares, como sería el caso de Pedro Aguirre Cerda, La Pintana y San Ramón.

Cuando los datos se agrupan por área metropolitana aparecen algunas novedades, como el bajo puesto que ocupa el Gran Santiago respecto a Antofagasta, La Serena-Coquimbo o Rancagua-Machalí. Esto se explica básicamente por el bajo ICVU de las comunas pobres de la capital, que empujan los números hacia abajo.

En ese sentido, el estudio confirma los enormes contrastes sociales del Gran Santiago y que a veces se esconden en los promedios agregados de ingreso, empleo o servicios. En el ICVU queda en evidencia -una vez más- que existen al menos tres ciudades con realidades muy distintas y es bueno que se pueda medir esa diferencia, como ocurre en este caso.

Además, es valioso que el ICVU presente un panorama general del país para comparar las capitales regionales entre sí, y a éstas con sus ciudades menores. Ahí se puede ver la fuerte incidencia de la base económica regional, lo que explica los buenos lugares de las ciudades del norte minero (Antofagasta y Copiapó), respecto a zonas que dependen de la industria lechera o la agricultura, como Temuco y Osorno.

Otra conclusión es que las grandes ciudades tienen mejores notas que las pequeñas, lo que es consistente con las tendencias de crecimiento demográfico que muestran una concentración creciente de la población en pocos y grandes territorios.
Con todo, es discutible que el ICVU esté reflejando ‘calidad de vida’, ya que si así fuera, no sería lógico que Copiapó o Colina presenten mejores notas que La Serena o Viña del Mar, que suelen liderar en otros estudios. Esto se explica por el tipo de datos utilizados, por su ponderación y por la ausencia de factores relevantes que no tienen indicadores, o que deben evaluarse cualitativamente.

También es arriesgado sacar conclusiones respecto a la evolución histórica del ICVU. Como ejemplo, la comuna de Santiago cae 17 puestos respecto a 2014, sólo porque ahora se imputó su población real, y no la estimada, que era bastante menor, lo que hizo que varios índices que se miden por habitante (áreas verdes, servicios) cayeran, sin que ello implique un detrimento en su calidad de vida. Lo contrario ocurrió en Maipú, cuya población real fue menor a la estimada, lo que automáticamente elevó su posición respecto al ranking de 2014.

Por estas limitaciones, es aventurado sacar conclusiones sobre el efecto de determinadas políticas públicas en los resultados, salvo que incidan claramente en los indicadores considerados, aislando el impacto de otras situaciones y corrigiendo por el ajuste de población ya mencionado.

Sin perjuicio de estas precisiones, considero que el ICVU es un aporte en la discusión pública en un tema que suele estar fuera de las prioridades políticas, pese a que el 90% de los chilenos vivimos en ciudades.

Disponible en Voces de La Tercera