“Chile como el Padre Gatica”

El problema es la distancia abismal entre el actuar de Chile en los foros mundiales y la poco decorosa realidad local. ¿Cuántos en Chile saben de qué trata la Declaración Universal de Derechos de los Pueblos Indígenas? Y ¿cuántos al interior del propio gobierno?

24-09-2014

Ha sido un hito histórico. En eso coinciden todos los asistentes a la Conferencia Mundial de Pueblos Indígenas, que acaba de finalizar este martes en la sede central de la ONU en Nueva York. En esta cita global, la primera en casi tres décadas, los Estados miembros de la Asamblea General reafirmaron su compromiso de “respetar, promover, impulsar y no menoscabar” los derechos de los pueblos indígenas, contemplados estos en la Declaración Universal aprobada el 13 de septiembre de 2007. Chile, representado por la Presidenta Michelle Bachelet, respaldó el documento final de la Conferencia de la misma forma que hace siete años había apoyado la promulgación de la citada declaración en la misma sede del organismo.

Hasta este punto, una coherencia impecable en lo que a compromisos internacionales se refiere. El problema, como ya debe sospechar más de alguien, es la distancia abismal entre el actuar de Chile en los foros mundiales y la poco decorosa realidad local.

¿Cuántos en Chile saben de qué trata la Declaración Universal de Derechos de los Pueblos Indígenas? Y ¿cuántos al interior del propio gobierno? Hablamos del más avanzado instrumento internacional que reconoce a los pueblos indígenas el derecho a su autodeterminación, autogobierno y plena participación política, entre otros temas que en Chile para nada son todavía temas. Empantanados los mapuche en la demanda de “tierras”, los medios en la “crónica roja”, el empresariado en el “apocalipsis mapuche-zombie” y el gobierno en el “enfoque pobreza”, discusiones de primer orden mundial en torno a nuevos modelos de estado, tipos de ciudadanía y estándares democráticos brillan absolutamente por su ausencia del debate público en materia indígena.

Es tanto el atraso chileno que un instrumento de los años 80′, ratificado con dos décadas de desfase, es el que hoy genera los mayores dolores de cabeza y ataques de pánico en el mundo público y privado. Me refiero al Convenio 169 de la OIT, implementado vía “ensayo y error” por estos días en la denominada Consulta Indígena del Ministerio de Desarrollo Social. Lejos, muy lejos de la Declaración de 2007 y su estándar de reconocimiento basado en el ejercicio de derechos políticos, sociales, civiles, económicos y culturales. Puestas así las cosas, ¿cuáles son los desafíos de Chile tras esta Cumbre Mundial? Uno salta a la vista de inmediato. Cumplir dentro de sus fronteras aquello que con tanto entusiasmo se firma en los foros internacionales. Chile, en pleno siglo XXI, no puede seguir como el padre Gatica, que predica pero no practica.

“La autonomía es el debate que viene”, advirtió lúcidamente tiempo atrás el Intendente Francisco Huenchumilla, al ser consultado si con la compra de tierras cerraba de una vez por todas el conflicto chileno-mapuche. Razón tiene Huenchumilla. La autonomía de los pueblos indígenas, territorial, política, administrativa, es el debate que viene y lo que buscaba potenciar la reciente Conferencia con su espaldarazo global a la Declaración de 2007. Un debate para nada nuevo en el resto del mundo. Lo charlamos en la ONU con Atencio López, abogado de la Comarca Kuna de Panamá, una de las autonomías indígenas más antiguas y consolidadas del continente. Si, autonomía, con Parlamento propio y autoridades ejerciendo soberanía sobre diversas materias. Como los Miskito en la Costa Atlántica de Nicaragua. O el pueblo Sami de Escandinavia.

Recientemente, una comisión en apariencia desvinculada del tema indígena, la Comisión Asesora Presidencial para la Descentralización y el Desarrollo Regional, puso el tema de la Autonomía en el tapete al proponer declarar La Araucanía como región autónoma y plurinacional. La propuesta, para escándalo de los defensores del Estado-Nación del siglo XIX, contempla un “estatuto autonómico propio”, una “Asamblea Regional” y “plurilingüismo”siguiendo el modelo de las comunidades vasca, catalana y gallega en España. Un verdadero acierto y logro casi personal del destacado cientista político mapuche radicado en Estados Unidos, José Marimán, miembro de la Comisión y promotor desde la década de los noventa de una salida política, democrática y pluriétnica al centenario conflicto sureño.

Y es que tal como muy bien lo entiende la ONU, los pueblos indígenas no solo demandan hectáreas de tierras, políticas sociales o reconocimientos culturales de segundo o tercer orden. Buscan también ejercer derechos políticos y gobernar algún día aquellos territorios que legítimamente identifican como su hogar nacional. Es la aspiración de las viejas y nuevas generaciones de ciudadanos mapuche en La Araucanía o el Wallmapu, el País Mapuche de nuestros abuelos y abuelas. ¿Implica esto una amenaza de separatismo frente el Estado? En lo más mínimo. Así lo entiende la ONU y así lo ratificaron esta semana las delegaciones asistentes a la Conferencia Indígena de Nueva York. Y ello con la firma entusiasta de los representantes del Estado de Chile, no lo olvidemos.

Un segundo desafío tiene que ver con las señales políticas, sobre todo hacia la comunidad internacional. Y es que impresentable resultó para muchos la casi nula participación indígena en la delegación oficial chilena, aun existiendo en la actual administración numerosas autoridades que cumplen con dicho perfil. No asistió el Intendente de La Araucanía, Francisco Huenchumilla, por lejos la autoridad política de mayor relevancia en la materia y hoy garantía de gobernabilidad en la siempre volátil zona sur del país. Y no lo hizo quejándose públicamente del desaire y poco tino de los funcionarios de Cancillería con su investidura. Tampoco viajó Domingo Namuncura, embajador de Chile en Guatemala y destacado hombre público mapuche en las filas de la Nueva Mayoría.

La lista no se detiene allí. Tampoco fue invitado José Ancán, Jefe de la Unidad de Pueblos Indígenas del futuro ministerio de Cultura y quien lidera la consulta indígena con menor ruido ambiente y mayor viento a favor de la actual administración. Y de manera inexplicable, tampoco se incluyó en la delegación oficial a Rodrigo Paillalef, miembro de la Misión Permanente de Chile ante la ONU en Ginebra y tal vez la persona más indicada para asistir a una Conferencia Indígena… de la ONU! Qué decir de los consejeros nacionales de Conadi. De los ocho electos por votación popular, sólo Rafael Tuki, consejero Rapa Nui, logro dar con el ansiado boleto premiado. Del resto de los “representantes indígenas ante el Estado” jamás se tuvo noticias en la Gran Manzana.

“Es un tema de protocolo y de cupos disponibles”, me señaló un funcionario de Cancillería a quien consulté del tema en Nueva York. “Y de conducto regular”, agregó taxativo. En su lógica funcionaria es probable que tenga razón. En estricto rigor, corresponde a la Presidenta de la República, sus ministros y embajadores representar a Chile en los foros internacionales. Más aún si hablamos de una Reunión Plenaria de Alto Nivel, como fue el caso de la Conferencia Mundial. Sin embargo, nada impedía, como potente señal de compromiso político, invitar a una “Conferencia Indígena” a los indígenas hoy cumpliendo responsabilidades de gobierno. Incluso aunque no tuvieran mayor protagonismo. A pesar de llenarse con empresarios, espacio en el avión presidencial convengamos que había. Y más que suficiente.

Un último comentario. Cancillería carece absolutamente de competencias interculturales. Lo reconoce el propio ministro Heraldo Muñoz, quien se ha propuesto la urgente tarea de modernizar un estilo de diplomacia anclado en otro siglo y en otro Chile. Colombia, Venezuela, Bolivia y otros Estados de la región destacaron por la presencia indígena en sus delegaciones. Lo mismo Noruega, Suecia, Finlandia y la emblemática Nueva Zelanda, cuya delegación casi de manera íntegra estaba compuesta por autoridades de origen Maori. Mucho camino le queda a Chile por transitar hacia una real comprensión de la temática indígena y de cómo ello habla de Chile y su estándar democrático cuando asiste a foros internacionales. El respaldo de la Presidenta Bachelet a las conclusiones de la Conferencia Mundial constituye al menos un paso en la dirección correcta.

Disponible en La Tercera