“Chile sigue estando en Dicom”

Hablar de la “deuda histórica” es hablar del Estado chileno y del pueblo mapuche, los actores de un conflicto político, histórico y cultural

19-01-2016

Una de las pocas frases de la presidenta Bachelet referidas al conflicto en su fallida visita a La Araucanía fue aquella donde reconoció que “los gobiernos y el Estado de Chile tienen una deuda histórica con la región”. Y si bien no se refirió directamente al pueblo mapuche, aconsejada sospecho por su intendente Andrés Jouannet, para nadie es un misterio quién o quiénes son los “deudores” y quién o quiénes son los “acreedores” de esta deuda. La única duda, hoy por hoy, es cómo los primeros pretenden pagar esta obligación. Si es que está en sus planes hacerlo, por supuesto.

Hablar de la “deuda histórica” es hablar del Estado chileno y del pueblo mapuche, los actores de un conflicto político, histórico y cultural que porfiadamente ha cruzado el último siglo de nuestra vida republicana. Desde 1910, fecha en que fue fundada la primera organización mapuche contemporánea, con mayor o menor repercusión pública, los acreedores de esta deuda han demandado al deudor que responda con su parte. No ha sucedido y desde el retorno de la democracia el conflicto no ha dejado de agravarse. El estreno en 1997 de los sabotajes a camiones y la actual violencia política, una de sus consecuencias.

¿Es la “deuda histórica” un concepto acuñado por el movimiento mapuche? No originalmente. El primero que utilizó el término fue el ex obispo de Temuco, Sergio Contreras, el año 1998, al calificar la ley indígena como “el reconocimiento a una deuda histórica de la nación por los atropellos de que fueron víctimas tanto por el Estado como por particulares”. Un año más tarde, el movimiento Identidad Territorial Lafkenche, liderado por el actual alcalde de Tirúa, Adolfo Millabur, le daría sustento político al exigir al gobierno la formación de una “Comisión de Verdad y Deuda Histórica”. Corría el año 1999, la Coordinadora Arauco-Malleco llamaba a desbordar el estado de derecho, Aucán Huilcamán cabalgaba rumbo a Santiago y el conflicto copaba los titulares.

En este complejo escenario, fue el ex presidente Ricardo Lagos, aconsejado por su entonces ministro Francisco Huenchumilla, quien asumió la tarea de reconocer desde el gobierno tanto la deuda histórica como el carácter “deudor” del estado. Lo hizo a través de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato. “El estado reconoce una deuda histórica hacia los pueblos originarios, sea por omisión de sus derechos o por el no reconocimiento político de su existencia”, consigna su informe final. La instancia estuvo compuesta por un grupo interdisciplinario de expertos, entre académicos, dirigentes y representantes de diversos sectores de la sociedad, encabezados por el ex mandatario Patricio Aylwin.

Hoy solo los sectores más conservadores y opositores al avance de la comprensión de Chile como un estado Plurinacional, donde tanto mapuches como rapanui y otras naciones puedan ejercer plenamente sus derechos colectivos, desconocen o restan validez a esta “deuda histórica”. Pero incluso ellos están solos. Y es que la existencia de un conflicto político –y no “delictual” o de “pobreza” como insiste el ministro Jorge Burgos- llegó a ser reconocido por el más destacado intelectual conservador del último tiempo, Gonzalo Vial Correa. En un lúcido artículo publicado en la revista Perspectivas de la Universidad de Chile, Vial señala que “la noción de que la sociedad chilena tiene una ‘deuda histórica’ con los mapuches corresponde plenamente a la realidad. Al fin y al cabo, eran los originales pobladores de la tierra y fueron tratados -en forma sucesiva por la República- de una manera injusta y lesiva para su dignidad, intereses y cultura”.

Pero no solo eso. Vial reconoce en su artículo a la sociedad chilena, “representada por el estado”, como la deudora del pueblo mapuche y aporta incluso algunas medidas para saldar dicha obligación. El principal problema que enfrentamos, argumenta, es cultural. De allí que propone oficializar la lengua mapuche, así como promover la educación intercultural y el arte originario. Pero no como algo folclórico o muerto; se trata de promover su desarrollo y evolución, subraya el académico, “para que fiel a sus orígenes y centralidades, crezca y cambie espontánea y libremente”. A juicio del académico, es la cultura mapuche la que se halla amenazada de disolución. El pago de la “deuda histórica” consistiría en impedir esa disolución, subraya.

Vial no se queda solo en lo cultural eludiendo el bulto del conflicto. También aporta un meridiano procedimiento de pago en materia de tierras. “Muy simple; expropiando la superficie necesaria y pagándoles a sus dueños el verdadero valor de la misma, según las reglas de cualquiera expropiación y conforme a la Carta Fundamental”, señala el también ex ministro de Educación de Pinochet. Lejos, muy lejos del actual negociado de tierras con fondos públicos existente en la zona sur. ¿Qué opinarán la derecha, los grupos madereros y agricultores al respecto?

“Es cierto que ese pueblo brillante se halla hoy en la postración. Pero, ¿de quién es la culpa?, ¿quién lo sometió por las armas, le quitó su tierra, destruyó su cultura, lo proletarizó?, ¿de dónde vienen sus vicios sino de nosotros, los huincas, y de la forma como lo tratamos luego de sometido?”, se pregunta Vial. A juicio del fallecido historiador “es indispensable la conciencia de que, al arbitrar o facilitar los medios para el salvataje y ulterior crecimiento de la cultura mapuche, no le estamos haciendo favores a nadie sino que pagando la “deuda histórica”; contribuyendo a la preservación y progreso de un modo de vida que no es el nuestro, pero sí tan valioso como el nuestro, y permitiendo que subsista un pueblo admirable”.

El artículo de Vial data del año 2000. A quince años, cuatro gobiernos y tres visitas de relatores de la ONU, Chile sigue estando en Dicom.


Disponible en Voces de La Tercera.

* Fotografía La Tercera.