Contaminación en Santiago

Debemos lograr imponer medidas de acción permanente y no sólo dígitos más, dígitos menos.

02-07-2015

Justo en plena Copa América, cuando millones de extranjeros ponen sus ojos en nuestro país, Santiago muestra su peor cara: la contaminación atmosférica. Después de un exitoso plan de descontaminación que ha logrado reducir el esmog, pese a que la ciudad y su actividad económica han seguido creciendo, ya es tiempo de renovar las medidas de reducción de las emisiones al aire.

Una primera medida, la más urgente, es terminar con la “lesera” de la leña en Santiago. Un estudio de la Universidad Andrés Bello concluye que el 49% de las emisiones de material particulado fino (MP 2,5) durante el invierno, proviene de la calefacción a leña, o sea, casi la mitad del total. Esto es discutido por otro estudio del Instituto Libertad, que concluye que la leña sólo representa un 17% de la emisión de material particulado en la región. ¿Cómo se entiende esta diferencia?

El informe del Instituto Libertad considera las emisiones anuales, como si las chimeneas se prendieran en forma promedio durante el año, y no considera que éstas se concentran en los meses de invierno, los días más fríos, justamente cuando se producen los episodios de contaminación atmosférica. Otra posible explicación, no revelada en el informe, es que el presidente del Instituto Libertad, Roberto Ossandón, es también uno de los propietarios de Bosca, una de las principales importadoras de chimeneas.

En todo caso, está claro que la contaminación de la leña proviene de una baja cantidad de hogares, su efecto es determinante, y cualquier solución parcial, tipo norma de emisión o exigencia de leña seca, choca con la imposibilidad de fiscalizar el real cumplimiento de esta norma. Ningún plan de descontaminación futuro será eficaz de verdad, si no contiene una prohibición absoluta de quemar leña en la región como medida permanente.

También es indispensable mejorar el sistema de transporte público. Transantiago trajo buses más nuevos y limpios, pero debido a su mal funcionamiento aumentaron los viajes en automóvil, lo que anuló en parte el avance. El impuesto verde a los vehículos diésel, por otra parte, si bien es positivo, persigue fundamentalmente objetivos recaudatorios, pues se aplica a los vehículos nuevos, no a los existentes. Sólo con el tiempo tendrá efectos significativos en la calidad del aire.

La ampliación del Metro, la construcción de ciclovías y las vías sólo buses van en la dirección correcta. Los populistas que proponen bajar el impuesto a las gasolinas e incluso la gratuidad en los estacionamientos de centros comerciales, van en el sentido inverso a lo que hay que hacer para mejorar el aire.

Por último, es hora de reconocer que la labor de reforestación que ha realizado Conaf, aunque válida, es insuficiente. El cerro San Cristóbal era un peladero y hoy es un pulmón verde. Cien años después no hemos logrado hacer lo mismo con los demás cerros que rodean nuestra ciudad. Es hora de dotar (y exigir) a Conaf que amplíe su plan de forestación. Dicho sea de paso, nunca se ha explorado la hidrosiembra y la siembra de semillas mediante helicópteros en la precordillera.

Debemos lograr imponer medidas de acción permanente y no sólo dígitos más, dígitos menos de restricción vehicular durante los episodios críticos, cuando ya el daño está causado.


Disponible en La Tercera