“Decálogo básico”

Como un aficionado observador de la realidad política, considero que esta querella es un error táctico de proporciones.

05-06-2016

Previo a dar cualquier opinión sobre la querella que interpuso Michelle Bachelet contra cuatro periodistas de la revista Qué Pasa, es importante declarar y recalcar que soy columnista habitual de La Tercera por casi 10 años, periódico que junto al semanario cuestionado y otros medios son parte del grupo Copesa. Además, por esta actividad recibo honorarios específicos.

Dicho lo anterior, y como una persona cercana a las comunicaciones, creo que sí puede hacerse un severo reproche ético a la forma en cómo se publicó la información, tanto en lo que se refiere al valor periodístico asignado a esas escuchas, como a las inexplicables diferencias entre la versión física y la digital (corregida sólo unas horas después). Como abogado, tengo dudas de que pueda configurarse el delito de injurias graves con publicidad, ya que proferir no es lo mismo que divulgar;amén de la poca acogida que actualmente tienen estas acciones. Como un aficionado observador de la realidad política, considero que esta querella es un error táctico de proporciones, que inexplicablemente soslayó evidentes costos y consecuencias que ya se están pagando.

En toda actividad pública, especialmente en la política, el cómo las cosas parecen, se presentan o perciben, resulta tanto o más relevante que la justicia material de hay detrás o la verdad que se alega. Entonces, e incluso suponiendo que la acción judicial pudiera tener éxito, esta querella es un despropósito porque: uno, pudiera verse como un acto de venganza contra la revista que destapó el caso Caval, involucrando a la familia de Bachelet; dos, dará más visibilidad a este escándalo que remeció al gobierno, especialmente por la eventual participación de la Presidenta en los hechos que se aluden; tres, supone equivocadamente que las personas públicas están sometidas a igual escrutinio y protección de la honra que tiene cualquier persona o, peor, presumen que pueden desdoblarse como “ciudadanos”; cuatro, contradice la tendencia mundial de ir eliminando los delitos y sanciones vinculados a la libertad de expresión, especialmente en lo que atañe a las autoridades; cinco, y aunque no se cumpla de manera efectiva, la pena privativa de libertad por un delito de esta naturaleza contraviene la doctrina de los Derechos Humanos; seis, eran previsibles las críticas de los organismos especializados y de la prensa, tanto dentro como fuera de Chile; siete, se percibe como un acto  de censura hacia los medios y a su rol en la investigación de la corrupción que afecta a la clase dirigente, pública y privada; ocho, se terminó por victimizar a la revista y sus periodistas, ensombreciendo el reproche y la responsabilidad que éstos tienen en lo ocurrido; nueve, pareciera que Bachelet siempre culpa a otros por lo que le está ocurriendo y, ahora, atribuye conspiraciones o complots donde nadie más los ve; y diez, cualquiera sea el resultado, ella,  el gobierno y la coalición habrán perdido, sumando otro grave error en esta pesadilla que ha sido Caval.

¿Nadie pudo advertir de todo esto a la Presidenta?


Disponible en La Tercera.

* Fotografía La Tercera.