“El desafío de gobernar”

Sea dentro o fuera del Estado, conquistando gobiernos locales o privilegiando lo “tradicional”, clave es aprender nuevamente a gobernar.

02-11-2016

De nueve a trece aumentaron los alcaldes mapuche en las pasadas elecciones municipales. Ocho de ellos son miembros de la Asociación de Municipios con Alcaldes Mapuche (Amcam), reelectos todos con muy alta votación. Los cinco restantes corresponden a las regiones de Los Lagos y Aysén. Y uno, Manuel Painequeo, a la histórica comuna de Lumaco. Se espera todos integren la asociación. Lo mismo la treintena de concejales mapuche electos en Biobío y La Araucanía.

La Amcam, liderada por el edil de Renaico, Juan Carlos Reinao, es hoy uno de los más validados referentes del pueblo mapuche. Y con enormes proyecciones políticas. En conjunto gobiernan a más de 150 mil personas. Y suman como respaldo sobre 50 mil votos. Hablamos de voto mapuche y voto chileno, un apoyo ciudadano transversal que también implica un cambio cultural profundo.
La reelección de la mayoría de sus miembros –la única excepción fue Fernando Huaiquil, alcalde del PRO en Galvarino – acaba de un plumazo con una serie de mitos. El más extendido, la supuesta incapacidad de los liderazgos mapuche para dirigir comunas y gobernar en beneficio de todos, “winkas” incluidos. Amcam demostró que ello no solo es posible. También que lo obrado puede ser con distinción.

Fundada en 2012, la asociación de alcaldes implica un salto cualitativo en el accionar político mapuche. Y en el fortalecimiento de una propuesta que lejos de discriminar, integra y que lejos de confrontar, propone. Y ello sin sectarismos partidistas de por medio. En el seno de Amcam caben por igual ediles de derecha, centro e izquierda. También independientes como Adolfo Millabur y el propio Juan Carlos Reinao.

Es la vía político institucional, de larga data y rica trayectoria en el movimiento mapuche contemporáneo. Muchos ignoran que entre 1924 y 1973, la lucha político electoral fue el camino predilecto de las más importantes organizaciones mapuche. Siete diputados, varios reelectos por dos y hasta tres periodos, y una veintena de regidores fue el record que establecieron la Corporación Araucana, la Sociedad Caupolicán y la Federación Araucana, entre otras. Y que nadie ha logrado superar.

En un siglo de activismo político, ha sido esta vía institucional, de disputa de poder político, la más utilizada por el pueblo mapuche. Y la más efectiva. Hoy, cuando la protesta social y la confrontación violenta copa titulares de prensa, cuesta imaginar tal escenario de conquistas electorales. O “tanto poder político en manos mapuche” como bien apunta el historiador José Ancán en un libro sobre Venancio Coñuepán Huenchual, el legendario ex parlamentario y ex ministro de Estado de los años 50’.

Es verdad, puede que no todos compartan la vía institucional dentro del Estado. Solo fortalece el colonialismo chileno, advierten los mapuche de Ercilla. La autonomía, subrayan, trata de instituciones y autoridades propias. Ello es ejercer el derecho a la libre determinación reconocido por la ONU, esgrimen enérgicos. Son voces legítimas, discrepancias en un pueblo que lejos está de ser un regimiento.

Y es que los mapuche si bien tenemos una identidad, idénticos no somos. Eso nada tiene de malo, por cierto. Lo importante es arribar a un acuerdo, a un “koyaktu”, como tantas veces hicieron los antiguos frente a la Corona y las nacientes repúblicas. Sea dentro o fuera del Estado, conquistando gobiernos locales o privilegiando lo “tradicional”, clave es aprender nuevamente a gobernar. Y tener vocación de poder. Ya no basta solo con la protesta.

Disponible en Voces de La Tercera