“El hombre bebé”

Un hombre (o mujer) bebé no sólo espera que le den de comer en la boca, sino también que le digan cómo debe ser el país en que viva.

12-05-2016

Acabo de ver la historia de Juan Patricio Cuevas Muñoz, el Hombre Bebé. La dieron por Megavisión hace dos años, como cierre de un noticiero, pero a mí me la mandó recién el Rafa Gumucio por WhatsApp. Su protagonista tiene 47 años –es de mi generación–, usa pañales y calzón de goma, toma té en mamadera y dice que se atora si traga “muy dápido”. Busca dueñas de casa que lo cuiden como a un bebé. Y las encuentra. La “tía Edita”, una mujer maciza probablemente menor que él, le tiene una pieza al fondo de la casa, donde este caballero duerme con chupete junto a un muñeco. Edita le cambia los pañales meados y le pone talco al calzón de goma, para que a este hombre no se le irriten los huevos. Según él mismo explica, lo violaron a los 7 años y su cabeza decidió no crecer más. “Voy a ser siempre un niño bebé”, asegura. Su diagnóstico mental: infantilismo.

Los comentaristas de la página de YouTube donde el video se aloja al parecer no fueron convencidos por el argumento de la enfermedad. “Viejo mentiroso, asqueroso, grosero, sinvergüenza, trabaja mejor”, escribió una que se tomó la cosa con calma, porque entre los furiosos las reacciones subían de tono: “por k no me chupai la mamila viejo re culiao… se cree guagua el pelota de caca”. “Yo por lo menos trabajo para mis pañales”, continuó otro más abajo. Y lo cierto es que la historia genera cierta incomodidad. Todos de pronto quisiéramos ser niños. Hay incluso un erotismo insoslayable en el acto de ser mudado. Nadie, sin embargo, se atrevería a pedirle a una amante que lo mude. Es como si querer seguir siendo niño implicara una cobardía inaguantable, o mucho peor todavía, un abuso. “La verdad es que no es nada de tonto, vive gratis, pide moneditas y le limpian hasta el poto ¡que mejor?!”, concluyó Sebastián Calfueque. Sólo una de la larga lista de participantes del foro, compadeció al entrevistado: “Este caso no tiene nada de raro, yo soy una bebe adulta de Santiago, y aunque no lo crean hay muchos acá y en el mundo entero (…), usamos chupete, pañales, tomamos mamadera, pero la mayoría hacemos una vida normal, trabajando, estudiando, teniendo parejas estables…”, escribió. A mis amigas que les mostré el reportaje, la historia de Juan Patricio les dio asco. Dos de ellas no pudieron terminar de verlo. Todas consideraron que las mamacitas que lo atendían eran unas degeneradas.

La cultura que habitamos no parece dispuesta a aceptar a los hombres (o mujeres) bebé. Si acaso existe la enfermedad del infantilismo, así sea producto de una violación o cualquier otro abuso imperdonable, más vale que se trate y mejore, porque no hay piedad que la soporte. De allí que sea tan ofensivo, para esta comunidad empoderada, que políticos, millonarios o intelectuales de cualquier tipo traten a sus miembros como si lo fueran. Un hombre (o mujer) bebé no sólo espera que le den de comer en la boca, sino también que le digan cómo debe ser el país en que viva, porque él no sabe, porque se atora, porque es muy mañoso. Es un insulto muy grande que a un adulto lo traten como a un bebé, salvo que se trate de un trastornado o de un sinvergüenza.


 

Disponible en The Clinic.

* Fotografía The Clinic.