“El lucro como necesidad”

17-08-2014

LA ENCUESTA del CEP, la primera de su serie en la actual administración, arrojó interesantes datos que seguramente serán comentados en las siguientes semanas. Uno de ellos se refiere a la resistencia que genera en muchos ciudadanos el objetivo de terminar con el lucro, la selección y el copago, con que debutó la reforma educacional.

Más allá de cierta polémica que se ha generado por la manera en que se formularon las preguntas, lo que en opinión de algunos expertos condiciona tendenciosamente las respuestas, lo cierto es que se viene a confirmar una percepción que ya se había instalado en el debate político y en los medios de comunicación.

Pero tal acontecimiento no debería sorprender a nadie. Más bien, lo significativamente extraño es que después de décadas de haberse abandonado y destruido la educación pública, impidiendo que ésta fuera una real y equivalente alternativa a la educación privada o subvencionada, alguien pudiera pensar que un cambio semejante al propuesto por el gobierno no iba a ser fuente de grandes dudas, temores e incertidumbres.

Desde esa perspectiva, es evidente que la actual administración subestimó el arraigo cultural de una práctica y manera de pensar la educación de nuestros hijos, la que mediada por el más natural anhelo de que puedan tener un mejor futuro que el de sus padres, nos lleva a redoblar todos los esfuerzos para garantizar una formación e instrucción de la mayor calidad posible a nuestro alcance, donde no escatimamos en el despliegue de recursos, tanto materiales como emocionales. Es obvio entonces que muchas familias, en especial de la clase media emergente, se muestren dispuestas a mantener el lucro en la educación media, contribuyendo a un copago para mejorar marginalmente la calidad de la instrucción que se les brinda a sus hijos, manteniendo, de paso, un proceso de selección, cuyo filtro académico y financiero termina redundando en una barrera y discriminación de carácter social.

Pero si a esos mismos chilenos y chilenas se les preguntara: ¿Estaría usted dispuesto a terminar con el lucro, la selección y el copago si se le garantizara una alternativa de educación pública, gratuita y de calidad similar o mejor a la que actualmente acceden sus hijos?, probablemente las respuestas serían muy diferentes a las que hoy conocemos. Lo anterior devela que nuestro principal problema estriba en el costo alternativo que significa poner término al actual sistema, sin tener la seguridad y confianza de que en el corto y mediano plazo podremos contar con otro equivalente o superior.

Y es justamente esa la razón por la cual el fortalecimiento de la educación pública tuvo que haber sido la primera prioridad, ya que sólo de esa forma se desdramatiza la sensación de que podría estarse experimentando con el futuro de nuestros hijos y, tan importante como lo anterior, garantizamos una real elección, poniendo término a un sistema donde ya no sea necesario transferir recursos públicos al bolsillo de los sostenedores privados.

Disponible en La Tercera