“El racismo que no da tregua”

¿Qué amenaza representaban para el tribunal estos tres menores de edad, hijos de humildes familias campesinas mapuche? Ninguna. Así lo estimó el propio tribunal, que ordenó su inmediata libertad y sin cargos. ¿Cómo explicar entonces lo acontecido? Simple, el racismo y conductas discriminatorias que en pleno siglo XXI parecieran no dar tregua en la zona sur.

03-11-2014

La imagen causó impacto en las redes sociales. Y en los medios. Tres menores de edad, mapuche, esposados de pies y manos, al interior del Tribunal de Collipulli. Sus nombres; Diego Melillán (14 años), Cristóbal Ancaluán (15 años) y Humberto Melillán (17 años), todos miembros de la comunidad Coñomil Epuleo, de Ercilla. Los tres fueron detenidos por el GOPE el domingo 26 de octubre al interior de un predio que es reivindicado por su comunidad. Según denunciaron, fueron esposados y golpeados duramente previo a su traslado a la ciudad de Victoria. Uno de ellos llegó con un ojo en tinta. Otro, con impactos de balines de goma en su cabeza. Al día siguiente fueron presentados al tribunal. Allí la defensoría denunció torturas y falsificación del parte policial. De poco y nada sirvió. El tribunal amplió el plazo de detención y los tres fueron a parar a la cárcel de menores de Chol-Chol. Allí pasaron tres días confinados en celdas comunes, hasta ser llevados el pasado jueves a Collipulli. Enfrentaban cargos por daños, desórdenes públicos y “maltrato de obra a Carabineros”. Fue cuando llegaron esposados de pies y manos, como peligrosos delincuentes comunes. Y Richard Curinao, comunicador mapuche, les tomó la foto.

¿Qué amenaza representaban para el tribunal estos tres menores de edad, hijos de humildes familias campesinas mapuche? Ninguna. Así lo estimó el propio tribunal, que ordenó su inmediata libertad y sin cargos. ¿Cómo explicar entonces lo acontecido? Simple, el racismo y conductas discriminatorias que en pleno siglo XXI parecieran no dar tregua en la zona sur. Para nada se trata de un hecho aislado. El violento actuar del GOPE, los apaleos en los calabozos y la falsificación de partes policiales son verdaderas instituciones en diversas zonas del territorio mapuche. También el descriterio de Gendarmería. Bien lo sabía el fallecido general Bernales, quien bajo la administración Lagos inauguró la temporada de caza mapuche al sur del Biobío. O su colega, el general Iván Bezmalinovic, encubridor del montaje tras el crimen de Jaime Mendoza Collio y quien tras su reciente paso por la jefatura del Biobío dejó convertido el Lleu-Lleu en un verdadero polvorín zapatista. Dicen que fue llamado a retiro. En ningún caso por su criminal actuación contra las comunidades. Acabó con su carrera la sospecha de nexos con una red de tráfico de drogas vinculada al caso Matute Johns. Es lo que se rumorea.

No, lo nuevo no es el abuso policial. Ni el racismo que caracteriza la actuación de Carabineros –incluido el Alto Mando- y fiscales del Ministerio Público. Lo nuevo es el impacto y la indignación que estos hechos nos provocan. “Cuidemos a nuestros niños. Es inaceptable que se repitan este tipo de imágenes que sólo siembran odio”, fue el mensaje que publicó en su Twitter el actor Benjamín Vicuña, embajador del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Su mensaje fue replicado por la actriz Leonor Varela y casi dos mil de sus seguidores. Es la parte medio llena del vaso. ¿La parte medio vacía? Lo mucho que nos falta para avanzar, como sociedad y como país, en una real comprensión de los derechos humanos y las relaciones interétnicas respetuosas. Y es que de ello –y no tanto de hectáreas más o menos- trata gran parte del conflicto sureño. De la incapacidad chilena de convivir con lo diferente. Y de reconciliarse con su lado moreno, con el “indio tal por cual”, con el “mapuchito”, con aquel primo, tío o pariente lejano que porfiadamente asoma en el árbol genealógico familiar como si se tratara de la peste negra. O del temido virus del ébola.

“Da lo mismo si son mapuches o lanzas de Santiago, los delincuentes juveniles deben estar esposados, es la igualdad ante la ley”, leo en un foro de internet. De todos los malos argumentos que niegan la validez del reclamo mapuche, este es por lejos el más recurrente. La igualdad ante la ley. ¿Sabrán estas lumbreras que el Convenio 169 de la OIT, hoy ley de la República en Chile, plantea en el caso de la persecución penal indígena medidas alternativas a la reclusión y el engrillamiento público? Y más aún tratándose de casos vinculados a la lucha por la tierra, la herida abierta que producto de la torpeza de sucesivos gobiernos hoy no deja de sangrar. Y es que Diego, Cristóbal y Humberto no fueron arrestados cogoteando transeúntes en el Paseo Ahumada. O desvalijando casas en el barrio alto. Ellos fueron detenidos, apaleados y encarcelados por reivindicar junto a sus familias el legítimo derecho a la tierra. Y por buscar recuperar lo que a sus abuelos les fue despojado. Por esta mala historia, documentada, dolorosa, el Intendente de La Araucanía pidió perdón a los mapuches a poco de asumir su mandato. ¿Pedirá hoy perdón Huenchumilla a la familia de estos tres menores? ¿Exigirá responsabilidades por lo acontecido?

Cuál sea la decisión que tome, tendrá consecuencias. Para bien o para mal.

Disponible en La Tercera