“El turno del PC”

Todos saben que el abandono unilateral de la coalición, especialmente si ésta subsiste para los demás partidos, es un suicidio político que puede relegarlos a la total irrelevancia.

13-11-2016

LA SEGUNDA derrota del gobierno en la votación del proyecto de ley sobre el reajuste del sector público, abrió una nueva teleserie al interior de la coalición oficialista. De hecho, ese papel que solo parecía reservado para la Falange -el de víctima incomprendida, cuyos esfuerzos y lealtad nunca son valorados por los demás- fue ahora interpretado por Teillier y su elenco. Ofendidos, acosados e incluso traicionados, fueron algunas de las palabras con que se reaccionó a la declaración efectuada por el resto de los presidentes de partidos en la Nueva Mayoría, que reprochaban al PC haber violado un importante acuerdo.

Y aunque es cierto que también otros parlamentarios del oficialismo votaron en contra del mentado proyecto de ley, el PC lo hizo en bloque y de manera institucional. Las razones públicas que han dado para tal decisión oscilan entre alambicadas interpretaciones sobre el guarismo para calcular el reajuste, hasta la forma en que se desalojó el hemiciclo; donde, como si el bochorno fuera poco, Bárbara Figueroa montó un espectáculo aparte, refiriéndose en durísimos términos a la madre del ministro de Hacienda y haciendo una referencia despectiva a una supuesta orientación sexual de este último (¡flor de progresistas!, dicho sea de paso).

¿Qué hay detrás de este calculado movimiento del PC? En corto y preciso, nada muy distinto a lo que hizo la DC hace un par de semanas atrás.

Los resultados de la última elección municipal vinieron a confirmar el delicado momento por el cual atraviesa el gobierno, la Nueva Mayoría y su proyecto político, cuya aprobación ciudadana es la más baja desde que se recuperó la democracia; y, de no producirse un cambio significativo, pareciera haberse también hipotecado la posibilidad de proyectar esta administración y la coalición que la sustenta.
En dicho escenario, los partidos y sus principales dirigentes comenzaron a vislumbrar lo que se viene. Tanto el PC como la DC, aunque por las fronteras opuestas de la Nueva Mayoría, intuyen que deben reconectar con sus respectivos electorados, los que a ratos se sienten desconcertados y abandonados por la conducta de estas dos históricas tiendas políticas. Hay también una disputa interna para el caso que se quiera preservar esta alianza o lo que quede de ella, donde el PC no percibe con buenos ojos este renovado esfuerzo de la Falange por recuperar el control e influencia en su coalición. En efecto, y especialmente de cara a una posible derrota electoral en la próxima elección presidencial, los partidos de la Nueva Mayoría tendrán que refugiarse en el Congreso; todo lo cual hace muy relevante la negociación interna de los pactos y sub pactos.

Y esa es la razón por la cual perro que labra no muerde. Todos saben que el abandono unilateral de la coalición, especialmente si ésta subsiste para los demás partidos, es un suicidio político que puede relegarlos a la total irrelevancia. Y en política los principios y convicciones son importantes… pero no tanto.

Disponible en La Tercera