“Ellos marchan solos”

No creo que sea tan sencillo como parece explicar por qué estaba toda esa gente ahí.

25-08-2016

Dicen que la marcha del domingo pasado en contra de las AFP convocó en Chile a más de un millón de personas. Si en las regiones sucedió algo pálidamente parecido a lo que yo vi en la Alameda de las Delicias, es perfectamente posible. Era una multitud inmensa y apretada que iba desde Plaza Italia hasta Los Héroes. Habiendo asistido a casi todas las marchas organizadas en Santiago, desde la que se armó durante una tarde, a comienzos del gobierno de Piñera, por Facebook y Twitter, en contra de Barrancones, pasando por las de Hidroaysén, las de diversidad sexual, las a favor de la marihuana, las de los zombis, y las más de 40 que llevaron a cabo los estudiantes durante el 2011, me atrevo a decir que ésta es, quizás, la más grande que he visto. Sus asistentes: familias completas. Además brillaba un buen sol de domingo que la convirtió en paseo. Las marchas que organizan los homosexuales también suelen ser familiares, pero más coloridas, y, de algún modo, también más esnob. Estas eran familias de clase media dura. Nada parecido a mundo obrero, ni a lolerío enfiestado. Gente mucho menos saltona que la del movimiento estudiantil. Si uno se deja llevar por el tamaño de los lienzos, tiende a pensar que hay mucha organización política detrás de los movilizados, pero a veces quienes siguen esos lienzos parecen ser los mismos que los portan, y no muchos más. Las pancartas dibujadas con un plumón sobre cartulina, en cambio, se supone que representan sólo a su autor, pero una confesión íntima puede hablar por multitudes. “Quiero mi Mercedez Benz ahora, no a los 65”, decía uno. No había banderas partidarias, sí de organizaciones sociales. Dudo que haya habido algún político profesional. Quizás Giorgio y Boric. ¿Partidos? Por ahí aparecía una bandera de RD o del PC, pero eran rara avis. No creo que sea tan sencillo como parece explicar por qué estaba toda esa gente ahí. La respuesta obvia es porque existen pensiones vergonzantes, pero resulta que la encuesta CEP, cuyo estudio de campo terminó casi junto con la primera marcha contra las AFP, cuando pregunta “¿Cuáles son los tres problemas a los que debería dedicar el mayor esfuerzo en solucionar el Gobierno?”, no recoge entre las urgencias de los ciudadanos el tema de las pensiones. Aparecen la delincuencia, la salud, la corrupción y hasta la muy descendida educación, pero no los viejos. Y es que los reclamos puntuales hoy se suceden a gran velocidad. Hace pocas semanas, parecía ser el drama de la infancia marginal el que no podía esperar. Pronto llegará el turno de las isapres y la salud pública. No es difícil percibir un ciclo que se extingue y un mundo que irrumpe. El grito que más se repetía en la marcha era “el pueblo, el pueblo, el pueblo dónde está; el pueblo está en la calle pidiendo dignidad!” En su versión original, cerca de 30 años atrás, terminaba con “el pueblo está en la calle pidiendo libertad!” Ya no es el mismo pueblo, y algo de eso es lo que vienen a recordarnos estas marchas. Las vincula el deseo que tiene esta nueva ciudadanía de decir “aquí estamos”, “existimos”. “No somos un invento de los comunistas”, agregaría yo. Sólo que quien pretenda hablar a nombre de ella es improbable que lo consiga. Quieren ser escuchados no sólo en conjunto, sino también uno por uno. Y nuestro sistema político no lo está entendiendo. Todavía piensa que la discusión es entre Hernán Larraín y Osvaldo Andrade, o entre Burgos y Teillier. La ausencia de liderazgo presidencial no ayuda en nada a esta dispersión con aires de quiebre, más generacional que institucional, más de nivel de desarrollo y cambio de las exigencias que de socialcristianos contra marxistas leninistas. Lo que parece cierto es que el entusiasmo neoliberal tocó fondo junto con el fin de la era concertacionista.


*Disponible en The Clinic