“Etiquetado de alimentos: con la información no basta”

Es muy poco probable que logre solucionar el problema de la mala alimentación por sí sola.

13-07-2016

La semana pasada entró en vigencia la Ley de Etiquetado de Alimentos y Publicidad. El origen de esta medida legal está en las altas tasas de sobrepeso y obesidad de nuestra población. Más de la mitad los adultos chilenos está por sobre su peso ideal, proporción que supera el 75% en quienes tienen menos de ocho años de escolaridad.

Los chilenos tenemos hábitos que no son sanos, situación que nuevamente empeora a medida que disminuye el nivel socioeconómico. Ello redunda en que en el 2011 cerca de un 10% de la población padecía diabetes diagnosticada, más de un cuarto sufría de hipertensión y un 27% de las muertes fueron producto de enfermedades cardiovasculares. Por ello, uno de los objetivos de la nueva ley es informar a las personas para que así ellas puedan decidir de manera responsable lo que están comiendo y así prevenir todas estas condiciones.

El etiquetado de alimentos opera bajo la suposición de que al informar a los consumidores acerca de la composición de los alimentos ellos realizarán elecciones más sanas, lo que finalmente cambiará su comportamiento y preferencias. Sin embargo, no hay suficiente evidencia respecto a ello. Varios países han aplicado algún tipo de rotulado o etiquetado nutricional a los alimentos, pero hasta el momento ninguno ha podido comprobar un impacto significativo en los hábitos alimenticios de las personas o en los niveles de sobrepeso y obesidad.

Aun cuando se trata de una medida valiosa, es muy poco probable que logre solucionar el problema de la mala alimentación por sí sola. Ello porque confunde el derecho a la información con el derecho a elegir, un problema que se ve en otras áreas en Chile, como la educación y la salud. ¿Es suficiente tener la información correcta para tomar una decisión responsable? Hay varias dimensiones que afectan la decisión que van más allá de la información. El ejemplo más claro es la capacidad adquisitiva. Si los alimentos etiquetados como críticos son al mismo tiempo los más baratos, ¿cuál es la probabilidad de que una persona con escasos recursos elija un alimento sano y caro? Si esa persona no lo puede costear, entonces su derecho a elegir no es real.

Dado el contexto de alta desigualdad social y económica en el que vivimos, informar a las personas y hacerlas responsables no basta; se requieren diagnósticos claros y análisis de políticas públicas que podrían ser más efectivas tales como, en este caso, la regulación de los precios de los alimentos y su disponibilidad.


Disponible en HoyxHoy.