“Evo, un demócrata satisfecho”

No cabe duda que tras 2019, Morales seguirá figurando como un excepcional líder político regional. Tal vez lo veamos en la ONU dada su condi

29-02-2016

Evo Morales tiene una muy mala costumbre; cada vez que puede, consulta al pueblo alguna medida o idea que en otros tiempos simplemente se imponía desde Palacio Quemado por las armas. O bien por el peso de la noche colonial. Lo hizo en 2006, cuando mediante una Asamblea Constituyente los bolivianos acordaron pasar de la Colonia a vivir en el siglo XXI. Aquel pacto social no sólo refundó un Estado blanco y racista en una república plurinacional y plurilingüe. También transformó en ciudadanos con derechos a la gran mayoría de la población que lo compone, los indígenas.

El propio Evo Morales Ayma, uno de ellos.

Desde entonces, Morales tuvo otra mala costumbre: ganar todas las elecciones a las cuales se presentó y por amplia mayoría. Es el mandatario que más tiempo ha gobernado en Bolivia. Su primera elección la ganó con el 54% de los votos. Dos años después superó un referéndum revocatorio con el 67% del apoyo. En 2009, tras reformar la Constitución, volvió a ser elegido presidente con el 64% de los sufragios y cinco años después, en octubre de 2014, hizo lo propio con un 61%.

Previo a la consulta del fin de semana, la encuesta Ipsos cifró en 58% el respaldo de la población a su gestión como gobernante. Una cifra escandalosamente alta si la comparamos con Michelle Bachelet en nuestro país. O con Maduro en Venezuela, el recurrente e insólito punto de comparación de sus opositores en todo el continente. Y es que la figura de Evo es sinónimo de estabilidad institucional, profundización democrática y crecimiento económico sostenido. Todo lo contrario del delfín de Chávez.

En 2015, un 4,8% creció la economía boliviana. Y 20 puntos cayó la pobreza extrema. Hasta el Banco Mundial se rindió ante sus cifras macroeconómicas y la disciplina de su política fiscal. Hoy, Bolivia, la misma que en los 80 enfrentó una severa hiperinflación, está entre los cinco países con mejor percepción de su economía en la región. De postularse en 2019, Morales de seguro ganaría la elección. En ello coincidían todos los analistas bolivianos hasta antes del domingo.

Pero el pueblo, sabiamente, dijo no.

Después de un recuento que se prolongó más de 48 horas, el 51,30% de los bolivianos rechazó cambiar la Constitución para posibilitar su reelección en 2019. Esta derrota, inusual para el mandatario, fue asumida, sin embargo, con mucha serenidad. No se trató de una derrota aplastante. Fue un triunfo del No con sabor a empate técnico que Morales ha preferido no polemizar.

Previo a la consulta ya lo había adelantado a los medios: “Gane lo que gane, se respeta”. Y cumplió su palabra. “Quiero decirles, respetamos los resultados, es parte de la democracia”, ratificó el pasado miércoles desde Palacio Quemado.

Pablo Stefanoni, periodista y ex director de la edición boliviana de Le Monde Diplomatique, relató en la previa del referéndum un revelador diálogo entre Morales y el vicepresidente Alvaro García Linera. “¿Cómo va a estar preocupado, amargado?, debemos estar felices, contentos, hemos hecho mucho. Aunque no aprueben nuestra reelección, no importa, hicimos historia gracias al pueblo boliviano”, dijo a su fiel escudero ante sus dudas del resultado. A los egos políticos heridos, Morales lúcidamente anteponía el peso de su legado.

También dudo que Morales buscase perpetuarse en el poder o batir el récord de Chávez o los hermanos Castro. Pocos saben que la propuesta original del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido gobernante, era someter a consulta la “reelección indefinida”. Fue Morales quien aceptó que sólo fuese hasta 2025. Así lo aclaró el propio mandatario en una extensa entrevista concedida a los corresponsales del Financial Times y El País el pasado fin de semana.

Allí charló de todo, distendido, bromista, lejos de la imagen contrariada o confrontacional con que los medios latinoamericanos, especialmente los chilenos, gustan retratarlo.

“Si pese a todos sus logros pierde este referéndum, ¿se sentiría muy decepcionado?”, le preguntó Javier Lafuente, de El País. “No, porque yo estoy preparado. Con semejante récord me voy feliz y contento a mi chaco. Jamás voy a claudicar en mis principios. Me quedaré apoyando desde abajo. Me encantaría ser dirigente deportivo, me encanta el deporte”, respondió Morales, recordando sus inicios en Chimoré como futbolista amateur y líder sindical. “¿De la FIFA?”, bromeó Lafuente. “No, aunque se trabaja poco y se gana más”, devolvió el mandatario entre risas.

Simón Bolívar, a quien de seguro el Presidente Nicolás Maduro lee muy poco, señaló en 1819 en el Congreso de Angostura que “nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo”, añadiendo que “la continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos”.

Bolivia, el Estado que con su nombre rinde homenaje al libertador de América, es hoy por hoy la democracia más genuinamente bolivariana de la región. De allí mi alegría por el triunfo del No en el referéndum. Libera a Morales de una responsabilidad que sospecho no buscó y que se origina en la dificultad del recambio en las filas del MAS. Es cierto, García Linera o el canciller David Choquehuanca figuran como relevos naturales para el 2019. Pero lejos están ambos de su carisma y popularidad.

Así y todo, a cuatro años de la próxima presidencial, el MAS tiene cosas mucho más urgentes de las cuales preocuparse. La principal de ellas, cómo enfrentar la corrupción interna que -ya lo advertía Bolívar- ha permeado ministerios y diversas instituciones. El saqueo del ya extinto Fondo Indígena, el escándalo más bullado. Entre los más de 200 procesados hay directivos de la entidad, dirigentes sindicales, ex autoridades del Poder Ejecutivo y senadores del oficialismo.

Otro tanto acontece con los gobiernos locales adscritos al MAS. “Tenemos ejemplos de alcaldes que si no están en la cárcel están procesados”, reconoció el propio Morales ante los corresponsales extranjeros. “Estos temas de corrupción nos han afectado y debemos actuar”, agregó.

No cabe duda que tras 2019, Morales seguirá figurando como un excepcional líder político regional. Tal vez lo veamos en la ONU dada su condición de referente de los pueblos indígenas a nivel mundial. O, quizás, por qué no, volviendo a Palacio Quemado en el futuro. Recién habrá cumplido los 60 años. Y currículum tiene de sobra. Basta señalar que en una década al frente del gobierno, Bolivia ha celebrado uno de los mayores cambios sociales y económicos de toda su historia. No es poca cosa.


Disponible en La Tercera.

* Fotografía La Tercera.