“Hacia un programa nacional de formación docente”

12-06-2015

En el libertinaje educativo de los últimos treinta años, con falta de acreditación o acreditación espuria, la formación de profesores -y otras carreras- se convirtió en un negociado de venta de cartones.

 

Uno de los diversos temas que ha encendido la polémica en torno al proyecto de carrera docente es la responsabilidad -o falta de ella- que les cabe a las universidades en el proceso de formación de los profesores. Digamos las cosas como son. En el libertinaje educativo de los últimos treinta años, con falta de acreditación o acreditación espuria, la formación de profesores -y otras carreras- se convirtió en un negociado de venta de cartones. La matrícula en las pedagogías se cuadruplicó en quince años, garantizando el desempleo a 2/3 de sus egresados. Es un hecho demostrado que en muchas carreras pedagógicas se admite a estudiantes sin requisito alguno, sin entender lo que leen ni operaciones aritméticas sencillas, y hasta hoy a muchos se les continúa entregando un cartón de profesor en las mismas circunstancias. De vocación y conocimientos, ni hablar. Hay avances Ya se han establecido requisitos más altos para cursar pedagogía, buscando jóvenes con mayores aptitudes y vocación para la docencia. Se ha propuesto que en el 2020 quienes deseen ser profesores tengan al menos 550 puntos en la PSU o estar en el 30% superior del ranking de notas. ¿Va a reducir esto el número de estudiantes de pedagogía? Sí. Pero sobran dos tercios de ellos, que bien podrían estar formándose en otras profesiones o carreras técnicas más necesarias en cantidad. ¿Son esos los mejores requisitos para un futuro profesor? No necesariamente, pero podrían perfeccionarse fácilmente. La resiliencia emocional y la vocación son requisitos esenciales para los actuales y futuros profesores, enfrentando aulas que han sido degradadas en su clima emocional, no por los maestros sino por la sociedad. En materia de calidad de las carreras, el Mineduc ya ha estado impulsando convenios de desempeño con las mejores facultades de Pedagogía. Hay recursos previstos por cerca de 8 mil millones de pesos en 2015, que obligarán sobre todo a vincular la formación inicial de los maestros con la práctica en los establecimientos educacionales. Como veremos…;. es la nada ninguna. No es suficiente Más allá de las discusiones, y eventuales y necesarias mejoras al proyecto de carrera docente, si queremos construir el futuro de largo plazo del país necesitamos que en Chile se formen, lenta y progresivamente, 180 mil educadores escolares y de párvulos, y 20 mil directivos escolares y de sostenedores, al nivel de los mejores del mundo, tanto en sus conocimientos académicos como habilidades pedagógicas, y capacidades emocionales para lidiar con la feroz desigualdad social de nuestras aulas y el desinterés de muchos apoderados. No sólo eso, sino que deberán estar formados en los enfoques pedagógicos más innovadores del siglo XXI: trabajo por proyectos, colaborativo, valórico, en equipo, más guías y menos instructores, enseñando a los alumnos a ser ciudadanos creativos y éticos, y no meros reproductores de test estandarizados. Así de simple…; y así de titánico el desafío. Por eso requerimos un pacto nacional de largo plazo en esta materia, que refrende un gran proyecto país: el Programa Nacional de Formación Docente, que pueda resistir cualquier cambio de gobierno o coalición. Requerimos, asimismo, una verdadera revolución en las mejores escuelas de Pedagogía, invitando -si es necesario- a especialistas internacionales de los más reputados del mundo a reforzarlas. En esto no podemos irnos en pequeñeces. Estos estudiantes de Pedagogía deben ser seleccionados no sólo por puntajes PSU o ranking, sino por procedimientos rigurosos sobre la base de entrevistas vocacionales y psicológicas. Serán nuestros campeones del futuro. Inventemos números gruesos. Si esto se logra graduando y contratando -con buenas remuneraciones- de a 10 mil docentes y directivos por año nos demoraremos 20 años…;. lo cual significa ofrecerle anualmente un retiro digno a 10 mil profesores o directivos cansados y agobiados después de 30 años de trabajo desgastante y poco reconocido por la sociedad. Formar a un excelente educador de párvulos, maestro de escuela o directivo, con nuevos y mucho más altos estándares que los actuales, tanto en la admisión como en la formación, requiere fácilmente lo mismo (o más) de lo que cuesta una carrera de ingeniería o derecho en las mejores universidades: US$ 8.500 anuales, y si le sumamos una beca de manutención, otros US$ 1.500. Es decir, mucho más que un eventual arancel de referencia para las carreras convencionales de pedagogía. Como la población de estos estudiantes a todo nivel sería de 50 mil (cinco años de duración de carrera) estamos hablando de US$ 500 millones anuales, más un retiro digno de 10 mil maestros por año, digamos que un incentivo adicional de jubilación o retiro de US$ 40 mil, son otros US$ 400 millones. Obviamente las escuelas de Pedagogía que reciban estos recursos otorgados por un transparente y exigente fondo concursable, y previa firma de un sólido convenio de desempeño, deberán ser evaluadas tanto en su calidad formativa como en la de sus egresados, mediante estándares y procedimientos rigurosos, recurriendo incluso a paneles de expertos pedagógicos internacionales y nacionales que aseguren que esta inversión esté bien hecha. La cuenta total son aproximadamente US$ 900 millones al año, no de un día para otro, sino que comenzando por la quinta parte de ello y aumentando gradualmente. ¿Reemplaza este dinero a los presupuestos del proyecto de Carrera Docente? No. Es parcialmente adicional. Es más, este ni siquiera es un tema que deba necesariamente estar en la ley de carrera docente; es meramente un ambicioso programa que requiere presupuesto, tal como el mísero monto de US$ 15 millones hoy asignados a esta tarea, que no está en ninguna ley, salvo la de Presupuesto. Parte del financiamiento, mas no toda, deberá provenir de la propia gratuidad de la educación superior, pero no será suficiente. No estaría de más que esté atado a un crédito internacional ad hoc para que un futuro gobernante no se tiente de echarlo abajo tan fácilmente. Esta propuesta no sustituye de manera alguna la imprescindible ley de carrera docente, con todos sus perfeccionamientos. Ella deberá incorporar todos los componentes de formación durante el ejercicio de la profesión: horas lectivas, poda curricular y flexibilidad horaria para que puedan desempeñar sus labores como profesionales y no como autómatas. ¿Vale la pena este gran y ambicioso Programa Nacional de Formación Docente? Sí. Respuesta definitiva. ¿Será un privilegio respecto a otras profesiones estudiar pedagogía? Sí. Respuesta definitiva. Si bien la educación no es el único frente de batalla, aquí se construye buena parte del presente y futuro de Chile. Cuando lo logremos no necesitaremos ni evaluación docente, ni certificación, ni Simce, ni hiper detallados currículum, ni controles de asistencia por hora, ni sobrecarga de horas lectivas, y podremos dejar que las escuelas y los maestros hagan su pega tranquilos. ¿Quiere proyecto país? ¿Quiere revolución educativa? Ahí la tiene. Toma 20 años y un 0.3% del Producto Interno Bruto cada año. Tómelo o déjelo.