“Incendios y Calentamiento global”

15-03-2015

Lo interesante, más allá de su frecuencia o periodicidad, es la intensidad que éstos han tenido y de lo que al parecer nadie se ha percatado.

 

Se sabe que una alta proporción de los incendios forestales son debido a negligencia humana; algo que a pesar de existir numerosas campañas de prevención, finalmente dependen de que alguien no cometa un error o una torpeza. Lo interesante, más allá de su frecuencia o periodicidad, es la intensidad que éstos han tenido y de lo que al parecer nadie se ha percatado.

Durante 2013 y 2014, los incendios forestales se han vuelto una costumbre en diversos lugares de Australia, siendo su intensidad correlacionada a dos fenómenos, las altas temperaturas en términos meteorológicos y la escasez de agua en sitios adyacentes. Tales cambios atmosféricos han sido atribuidos a la influencia del calentamiento global facilitado por las características de los fenómenos de la Niña y el Niño, que crean condiciones propicias para hacer estos eventos incontrolables.

Por lo tanto, estos han aumentado no solo su frecuencia, sino que las temperaturas observadas han mostrado registros históricos, por sobre las extremas normales en años anteriores, lo cual hace que las condiciones para este tipo de eventos sean las adecuadas para no tener un control efectivo de los mismos. Si se suma a esto que tienden a estar en sitios fuertemente impactados por el calentamiento global mostrando una continua sequía, son condiciones perfectas para lo que llamamos un desastre a mayor escala que conlleve a una tragedia.

En Chile, hace años que esto se viene observando a lo largo del territorio nacional , reflejado de forma indirecta en que gran parte de los proyectos de investigación – a nivel de desarrollo de fomento – apuntan al desarrollo de sistemas de teledetección, uso de sistemas satelitales de detección temprana, uso de flotas de drones, etc, apoyados con fondos privados provenientes de las forestales. Si éstos han invertido en este tipo de tecnologías e innovaciones para disminuir el riesgo de incendios, poco o nada se puede esperar de su uso en sistemas urbanos o de carácter público. En este sentido, los incendios observados en la quinta región, responden a una cadena de acontecimientos que hace que su prevención, control, mitigación y compensación sea inadecuado.

A la probabilidad de que estos ocurran, se suman condiciones meteorológicas propicias de calor y vientos, que no ayudan a un combate efectivo. Si se suma a que nunca se ha puesto atención a que los cambios globales han hecho que estos aumenten, menos aun se ha hecho algo en invertir en herramientas de prevención más allá de campañas de buenas conductas para la detección temprana. Tampoco se ha invertido, como en Australia, en el adiestramiento de personal idóneo para su control, o en elementos tecnológicos efectivos que permitan combatirlos. Si finalmente se suma que, a vista y paciencia de la autoridades, las poblaciones se han asentado aledañas a los “hot spots” o “puntos calientes”, donde todos los factores permiten asumir que son un foco de riesgo, y la aparición de vertederos clandestinos, material que puede ser altamente inflamable, se puede interpretar como una negligencia que no ha hecho más que generar las condiciones precisas para que un evento se vuelva incontrolable.

Finalmente, tampoco existe una planificación central que permita recuperar las áreas devastadas producto de tales incendios, o que permitan precisamente hacer frente a eventos futuros o en su defecto recuperar parte del patrimonio ambiental perdido. Por lo tanto, no estamos más que siendo observadores de eventos que por su naturaleza, y el contexto imperante, no hacen nada más que esperar que sean de breve duración o en su defecto, que la población pueda reaccionar arrancando, ya que desde el poder central poco o nada se está haciendo.

Disponible en Voces de La Tercera