“Jugarretas”

18-04-2016

De poco y nada sirve un mandato, si éste no se acompaña con la provisión y la capacidad de decisión sobre medios económicos y materiales y humanos para desarrollar bien una tarea extremadamente compleja.

 

Quizás ya estoy algo viejo o me sale ese lado momio, o ambos; pero no me resulta cómodo ver a la Presidenta de la República presentando un video clip en el marco de una cadena nacional. Es cierto que uno de los grandes aprendizajes que la política debe hacer tiene que ver con la utilización de las nuevas tecnologías, el uso de recursos digitales y adecuar el lenguaje especialmente para los ciudadanos más jóvenes, donde se concentran los mayores focos de desinterés y apatía. Aun así, y pese a que la falta de educación ha sido una constante en materia constitucional, confieso que el video me pareció pobre, sobre todo de cara a lo temerario que significaba presentarlo en dicho contexto.

Pero mi opinión es completamente irrelevante para estos efectos; no así la de los miembros del Consejo Ciudadano de Observadores, cuyo propósito es, justamente guiar este proceso, dando la mayores garantías de ecuanimidad en la deliberación de los participantes; siendo también de su incumbencia revisar y aprobar los soportes oficiales con que se promueve el proceso. Desde esa perspectiva, no alcanzo a comprender bajo qué criterios se decide no consultar a los miembros de dicha instancia antes de divulgar este video, exponiendo a la propia Michelle Bachelet, y granjeándose las críticas de incluso los más oficialistas.

Tal episodio se sumó a otro de similar naturaleza, donde la misma instancia que debe supervigilar este proceso se ve sorprendida por el anuncio de un “docureality” del proceso constituyente, el que no sólo estaba decidido por el gobierno e incorporado a su presupuesto, sino que incluso ya se había licitado y adjudicado a una específica empresa. Reproche similar podría hacerse respecto de la campaña publicitaria en general, cuyos líneas estrategias y contenidos no son conocidos y menos decididos por los específicamente nombrados para estos efectos, quienes siguiendo la tónica del debate político de los últimos meses, se enteraron por la prensa.

En un ámbito menor, por no decir más rasca, otro de los episodios de este mes fue el intento que se hizo desde La Moneda por sugerir las personas adecuadas para sistematizar las conclusiones de los cabildos y encuentros ciudadanos, en lo que se interpretó como una burda maniobra para “participar” de la redacción de las conclusiones y, de esa forma, intervenir en una de las más importantes tareas que tiene el Consejo: reflejar con la mayor ecuanimidad y transparencia el contenido de dichos debates.

Nombrar una comisión de esta naturaleza suponía un genuino acto de desprendimiento, otorgando autonomía y capacidad de operación a ese elenco de ciudadanos que pretende significar la diversidad político, económica, social y cultural de nuestro país. De poco y nada sirve un mandato, si éste no se acompaña con la provisión y la capacidad de decisión sobre medios económicos y materiales y humanos para desarrollar bien una tarea extremadamente compleja, que ya cuenta con demasiados detractores.

Disponible en La Tercera.

* Fotografía La Tercera.