“La abstención más allá del Servelazo”

Al ser consultados por las razones para no votar, los ciudadanos mencionan factores relacionados fundamentalmente con la lejanía y descrédito de la política, más que problemas procedimentales o logísticos.

22-10-2016

Ad portas de la próxima elección municipal existe preocupación sobre el grado de interés de los ciudadanos por acudir a las urnas. Si inicialmente se apuntaba a las nuevas reglas de financiamiento y campaña, argumentando que la disminución de la propaganda visual afectaría negativamente el interés por los comicios, hoy el país se enfrenta a una nueva crisis por el error en el cambio de dirección electoral de casi medio millón de personas. La cantidad de ciudadanos que acudan a votar será materia de debate y análisis, de ahí la necesidad de separar los factores de coyuntura de aquellos más de largo plazo que se advierten en esta materia.

La participación electoral ha disminuido en Chile de manera sistemática desde fines de la década de los noventa. En elecciones locales, por ejemplo, el porcentaje de votantes en relación con la población en edad de votar disminuyó del 79% en 1992 al 45% en 2012, es decir, 34 puntos porcentuales en 20 años. Ahora, tomando en cuenta los errores que subsisten en el padrón electoral, no basta mirar porcentajes, se requiere además evaluar la evolución del número efectivo de votantes. Con un padrón inflado debido a que sigue manteniendo a personas fallecidas, que residen en el extranjero y a detenidos desaparecidos, además de otras posibles distorsiones, el porcentaje de votantes debe ser tomado como un dato estimativo y no definitivo. ¿Cuántas personas votarán efectivamente debe ser la pregunta central para analizar la abstención? Si en 1992 votaron 7.040.753 de personas, en el 2012 lo hicieron 5.790.916.

La última elección municipal de 2012 fue la primera después de la implementación del voto voluntario. Esto concuerda con la disminución de participación más significativa en dos décadas: una baja en más de un millón de votantes. Esa elección se realizó con las antiguas reglas de financiamiento y métodos de campaña, por lo cual será recordada como una de las campañas con el mayor despliegue de propaganda en las calles y recursos invertidos: hecho que no tuvo un efecto en frenar la abstención.

Por su parte, la participación en elecciones parlamentarias y presidenciales ha seguido una tendencia a la baja similar, la cual se constata también a nivel mundial, pero con diferencias e intensidades diferentes. En la OCDE, por ejemplo, la participación en elecciones parlamentarias bajó entre 1990 y 2016 en once puntos porcentuales, además hay casos como México y Bélgica donde aumentó. Otros como Suecia, Dinamarca y Suiza han mantenido niveles de votación estables, y casos como Eslovaquia, República Checa, Chile, Eslovenia e Italia presentan disminuciones drásticas.

En América Latina en cambio la relación es inversa. En nuestra región se ha producido un aumento en la participación entre 1990 y 2016 de 63,4 al 70,1%, con aumentos en votantes en países como Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, México y Guatemala, estabilidad en Uruguay, Brasil, Venezuela, Argentina y Nicaragua, y disminuciones significativas sólo en los casos de Chile y Costa Rica, con caídas de 35 y 21 puntos porcentuales, respectivamente.

Al ser consultados por las razones para no votar, los ciudadanos mencionan factores relacionados fundamentalmente con la lejanía y descrédito de la política, más que problemas procedimentales o logísticos. Así lo constató también la última Auditoría a la Democracia del PNUD, donde la principal razón declarada para no haber acudido votar fue “porque la política no me importa”.

Los resultados electorales del 23 de octubre definirán contiendas municipales, pero también dejarán en evidencia si la tendencia a la baja en la participación electoral se mantiene constante, en cuyo caso habría que esperar una nueva disminución. Los problemas de registro y los errores del padrón electoral con las disputas institucionales y consecuencias políticas mediante, pueden tener el efecto de agudizar la tendencia a la baja, no pueden ser minimizados y deben ser corregidos con la mayor urgencia posible. Es imprescindible contar con un padrón fidedigno para las próximas elecciones presidenciales.  Sin embargo, la mirada de largo plazo muestra que estos factores coyunturales no son los únicos que influirán en la cantidad de votantes.

En el momento de los análisis será necesario considerar factores procedimentales, pero no se pueden soslayar aquellos de largo plazo para poder avanzar en soluciones, la distancia entre ciudadanos y partidos, el malestar con la política y sus instituciones, así como la preocupación por la corrupción son todas materias que vienen socavando el interés de las personas por participar en elecciones. Enfrentar estos desafíos requiere sin duda un esfuerzo colectivo como sociedad y una política de Estado constante en el tiempo.

Disponible en El Mostrador.