“La deuda del Transantiago”

26-03-2015

El gran desafío aparece en las comunas periféricas de ingresos medios y bajos, donde vive la mayoría de los santiaguinos con tiempos de viaje cada vez más largos.

 

Pese a las promesas y a los miles de millones de dólares gastados, Transantiago no logró cambiar los patrones de viaje de la capital, acentuando la pérdida de atractivo del transporte público.

Eso se pudo ver en la encuesta de origen y destino del Ministerio de Transportes (MTT), que muestra que la proporción de viajes realizados en transporte público cayó de 31% a 26% entre 2001 y 2012, mientras que el auto subió de 21% a 26%, agregando 1,3 millones de viajes diarios. Afortunadamente el Metro sacó la cara por el sistema, y a diferencia de los buses, aumentó sus viajes a una tasa anual del 12%, transformándose en el modo de mayor crecimiento del sistema metropolitano.

Le siguió la bicicleta con un crecimiento del 7,5% anual, empujado por las fuertes tasas observadas en el centro y el barrio alto. Si bien su participación sobre el total de viajes fue menor a la esperada, su desempeño es meritorio, lo que respalda la estrategia de la Intendencia de favorecer su uso mediante ciclovías y bicicletas públicas.

Sin embargo, el gran desafío aparece en las comunas periféricas de ingresos medios y bajos, donde vive la mayoría de los santiaguinos con tiempos de viaje cada vez más largos. Ellos son los principales usuarios de buses, y si se mantiene la tendencia, se cambiarán al auto disparando la congestión y el déficit financiero de Transantiago.

Ante ello es necesario tomar medidas, y lo primero es tener un buen diagnóstico del problema. Por años se dijo que la pérdida de viajes en transporte público era culpa del Estado, que no destinaba recursos a los buses privilegiando la construcción de autopistas.

Además de ser esencialmente santiaguina, este tesis se cae a pedazos si consideramos que el Fisco ha gastado más de US$11.000 millones en Transantiago y solo US$750 millones en autopistas urbanas, asumiendo que aportó un 25% de la inversión realizada por los concesionarios.
En segundo lugar es necesario abandonar la autocomplacencia con que las autoridades siguen evaluando el Transantiago, incluso luego de esta encuesta, que muestra que el sistema pierde usuarios a raudales, pese a que un 25% no paga su pasaje.

En el ámbito de las soluciones, también volvemos a escuchar los mismos discursos de hace 20 años, basados en penalizar el uso del auto, en vez de mejorar el atractivo del transporte público.

Si le hacemos caso a la encuesta y a las estadísticas de validaciones BIP, la primera decisión debiera ser ampliar la red de Metro, lo que implica anunciar cuanto antes el trazado de la Línea 7 y otras extensiones del ferrocarril metropolitano.

Lo segundo es mejorar la velocidad y regularidad de los buses, y para ello se necesita invertir decididamente en infraestructura, definir más vías exclusivas y fiscalizar con rigor a las empresas del Transantiago que no cumplen

También se necesitan trenes suburbanos bien integrados a su entorno, una red de tranvías y más ciclovías con estaciones de intercambio que permitan ampliar su uso hacia comunas alejadas.

En resumen, Santiago requiere una malla diversificada e intermodal de transporte, con un foco en la calidad de servicio. De lo contrario el transporte público seguirá perdiendo pasajeros aunque se inyecten billones de pesos en subsidios, como ocurrió entre 2006 y 2012 con magros resultados.

Disponible en Voces de La Tercera