La furia de Huenchumilla

Lo que hoy prácticamente todos los mapuche le reconocen, incluso esos con quienes no congeniaba especialmente, es una legitimidad de origen, y una cercanía y complicidad que con el actual viraje se pierde.

28-08-2015

“En mi condición de intendente vengo a pedir perdón al pueblo mapuche por el despojo que el Estado de Chile le hizo de sus tierras; y a los colonos venidos desde lejos, porque el Estado de Chile los trajo a un lugar inadecuado en un momento inoportuno”. Con estas palabras dichas en su primera actividad pública como intendente, comenzó su mandato Francisco Huenchumilla. Llegó para corregir la manera en que el gobierno de Chile ha enfrentado la conflictiva relación que desde la “Pacificación de la Araucanía” mantiene con el más grande de sus pueblos originarios, y, sin ir tan lejos, para terminar con “los resabios de la vieja Concertación, a la que le gustan los palos y los controles policíacos”, según reiteró al poco rato de ser despedido. Repitió cada vez que pudo que este conflicto debía ser tratado como un tema político y no de seguridad pública. Aunque no generó el afecto unánime de todas las comunidades –la unanimidad entre los mapuches es casi inimaginable– se reunió con buena parte de sus representantes, casi siempre solo, sin carabineros custodiándolo. Los comuneros de Ercilla (que hoy tienen tomada la Conadi) lo recibieron en sus tierras sin escoltas ni resguardos. En el ministerio del Interior consideran que no hizo bien su trabajo, que si se revisan uno por uno los temas concretos que abordó, cuesta encontrar avances, cuando no chocan con retrocesos. Lo acusan de personalista, y aunque la palabra no se ha usado, de díscolo y desobediente. Según Burgos, “se manda solo”, aunque varios mapuche sostienen que más bien “lo dejaron solo”, como una isla incomunicada de la Conadi y el desarrollo social. Lo que hoy prácticamente todos los mapuche le reconocen, incluso esos con quienes no congeniaba especialmente, es una legitimidad de origen, y una cercanía y complicidad que con el actual viraje se pierde. Para Aucán Huilcamán, eran esas características del ex intendente las que dificultaban un accionar radical en su contra. “Desde que asumió Huenchumilla hasta ahora –me dijo– han disminuido las propuestas. Nos ponía en problemas a nosotros. Yo mismo nunca llevé propuestas a la Intendencia durante su mandato, siendo que siempre lo hacía”. “Acá en Temuco veo sorpresa por la decisión, y sensación de abandono de Santiago respecto de la Araucanía”, me dijo a su vez el periodista Pedro Cayuqueo. “Si la línea es mano dura de parte del gobierno –me asegura Aucán–, se fortalecerá la postura de los mapuche, y tomará más fuerza la idea de la autodeterminación. Con esto reavivaron el conflicto. Nosotros llamaremos a una Asamblea Constituyente mapuche”. Y concluyó: “Los que pensaban buscar espacios al interior de la realidad institucional, aquí recibieron un portazo en la cara”. ¿Qué hará ahora Huenchumilla? ¿Seguirá los dictados de la sangre, el llamado de la tribu, la tentación de liderar desde otros escenarios esta lucha centenaria, o se someterá a los dictados de su partido, la Democracia Cristiana, donde comparte militancia con Jorge Burgos, quien según él “no tiene ni la más remota idea de lo que es el mundo mapuche”? Para el werkén Huilcamán, ésta es otra muestra del viraje conservador del gobierno tras su último cambio de gabinete. “Realismo con renuncia”, según Cayuqueo. Lo cierto es que el gobierno se abrió un nuevo flanco de conflicto, con un mundo social mucho más amplio que el representado por la multigremial de furiosos nacida tras la muerte de los Luchsinger-Mackay, y que hoy mueve la protesta de los camioneros. Francisco Huenchumilla, el primer intendente mapuche en la historia de la Araucania, declaró un día en estas mismas páginas la necesidad de “calmar los espíritus para no apagar el incendio con parafina”. Hoy, arde de furia


Disponible en The Clinic