“Las glorias del Ejército del Sur”

Mucho de aquel viejo nacionalismo bélico entusiasma poco y nada a las nuevas generaciones. Son ellas las llamadas a construir, junto a nosotros, un nuevo tipo de sociedad.

21-09-2016

Una vez Gabriel Salazar me comentó que el Ejército fue/es tal vez la institución más valorada por el bajo pueblo chileno. Y la Parada Militar, su fiesta por excelencia. Esta relación cercana pudo cambiar producto del Golpe militar pero -a su juicio- no mayormente.No olvidemos que Pinochet tuvo un alto apoyo popular y que el nacionalismo (primo hermano del anticomunismo) hace nata precisamente en las capas menos favorecidas (educadas) de la sociedad. A juicio de Salazar, esto tenía relación con el siglo XIX y las guerras de aquel periodo ganadas por el bajo pueblo chileno, que era quien componía de manera casi exclusiva la tropa militar.

Eso es efectivo. Fue el pueblo pobre, enrolado a la fuerza o voluntario, quien dejó la vida en el norte; aquellas fueron “sus” victorias, aquel era “su” Ejército. De allí, me comentó Salazar, lo popular de la Parada Militar, que es en esencia un desfile donde se celebran las glorias y victorias del bajo pueblo, de sus hijos. Esto sigue siendo así, en gran parte. Las miles de familias que llegan todavía a la elipse son clase popular, lo sabemos todos quienes alguna vez allí nos paseamos de uniforme. Allí ven ellos desfilar a sus hijos, los conscriptos que componen el grueso del contingente. Es como la selección chilena post Bielsa en cierto sentido; Chile le debe a ellos dos copas América, a los Gary, los Vidal, los Charles Aranguiz de Puente Alto. Victorias heroicas que inflan hoy el espíritu nacional, tal como las batallas en el XIX.

Todo esto lo charlábamos hace un año con Salazar en la Feria Internacional del Libro de Quito, en Ecuador, a propósito de un debate sobre el racismo chileno con el pueblo mapuche. Y tenía todo el sentido del mundo. Claro, porque ese mismo Ejército del bajo pueblo, vencedor en Chorrillos y Miraflores, fue el que avanzó sobre Wallmapu una vez concluidas las campañas del norte; hablamos del Ejército del Sur. Ello hizo que sus hijos y nietos, desde siempre, sintieran o vieran la victoria sobre los mapuche como algo valioso, una gesta militar digna de reivindicar; la cruzada de la “civilización contra la barbarie”, como la denominó Benjamín Vicuña Mackenna y también Barros Arana. Y que vieran además a los mapuche como eternos enemigos a doblegar.

Que gran parte de las ciudades sureñas hayan nacido como fuertes militares no ayudó mucho a mejorar nuestra imagen. Y es que ese Ejército de “rotos chilenos” no solo ocupó Wallmapu; también tuvo la misión de colonizarlo, por las buenas a veces, por las malas la mayoría del tiempo. Muchos oficiales y soldadesca, Cornelio Saavedra uno de ellos, fueron más tarde premiados con tierras y posesiones en la Frontera “libre de indios”. Es por ello que en gran parte de Wallmapu existen hoy mausoleos en homenaje a los héroes y veteranos del 79′. Hay uno en Nueva Imperial, mi comuna de origen. Cuando niño no entendía mucho de qué trataba todo eso. Ahora créanme todo calza.

Es interesante lo charlado con el profe Salazar. Explica lo popular aún de la Parada Militar, los desfiles cívico-militares en comunas y las bandas de guerra escolares, tan tradicionales en muchas ciudades donde el nacionalismo protomilitar aún sobrevive pese a todo. A los mapuche, por otro lado, nos permite entender el origen del racismo existente aún en la Araucanía del chileno común y silvestre con nosotros. Muy marcado en otras épocas, hoy es como un viejo acorazado que obsoleto y pesado, insiste en flotar sobre aguas que ya no son las mismas. Si, la sociedad chilena está cambiando. Mucho de aquel viejo nacionalismo bélico entusiasma poco y nada a las nuevas generaciones. Son ellas las llamadas a construir, junto a nosotros, un nuevo tipo de sociedad.

Disponible en Voces de La Tercera