Los 10 años del AUGE

No se puede extender el AUGE hasta que no se resuelvan los problemas de gestión en el sector público prestador, y de diseño en el sistema de

23-06-2015

EL AUGE, la mayor reforma al sistema de salud de Chile en más de 30 años, cumple su primera década. Durante este tiempo, el AUGE cubrió más de 22 millones de casos, el 95% de los cuales correspondieron a beneficiarios de Fonasa. Contrariamente a lo que estos números sugieren, el nivel de conocimiento preciso de la población acerca de los beneficios del AUGE se ha mantenido relativamente bajo (en torno al 50% entre los beneficiarios a Fonasa, y en torno al 65% entre los beneficiarios de isapres).

Según estudios de opinión realizados por la Superintendencia de Salud, la nota promedio dada al AUGE por usuarios y no usuarios ha caído en los últimos años, ubicándose en torno a 5,2.

Más allá de estas evaluaciones, es innegable que el AUGE ha traído algunos beneficios. El primero de ellos es la idea de instituir en el sistema el “enfoque de salud basado en derechos”, al que apunta la garantía universal de atención en tiempo y forma, a un costo accesible.

El segundo beneficio es que ha ayudado a la adopción de mecanismos de pagos a prestadores asociados a la resolución del problema de salud, alejándose de pagos por acto médico. Esto ha ayudado a contener costos en el sistema, aunque en algunos casos el bajo valor asignado a dicha resolución haya causado -y siga causando- problemas financieros a los prestadores (sobre todo hospitales públicos). El tercer beneficio, menos estudiado, tiene que ver con las ganancias en salud asociadas a la rápida atención y la definición de protocolos. Dichas ganancias han sido cuantificadas al menos para infartos y algunos tipos de cánceres.

El efecto del AUGE sobre la equidad en salud, uno de sus objetivos principales, es menos claro. Su impacto sobre la calidad, otro de sus objetivos principales, es totalmente desconocido.

Existen, asimismo, algunos resultados negativos asociados al AUGE. El más importante está vinculado al incumplimiento del “enfoque de salud basado en derechos”. Dadas las evidentes -ahora y al momento de su implementación- restricciones financieras y humanas existentes en el sistema de salud, la implementación de las garantías trajo como consecuencia la postergación de soluciones para una porción importante de la población. Así, las personas con problemas no AUGE vieron cómo los tiempos de resolución de sus problemas aumentaban de manera notable.

La existencia de más de un millón de casos atrasados por hasta tres años pone en evidencia que la priorización en la atención implicó una selección de los derechos en salud que el sistema prioriza. El AUGE implicó, en la práctica, que no todos los derechos en salud sean iguales.

Esto deja importantes lecciones para el futuro. No se puede pensar en extender el AUGE e incorporar más prestaciones -algo que ha sido visto como un objetivo en sí mismo por las sucesivas administraciones del Minsal- hasta que no se solucionen los evidentes problemas de gestión en el sector público prestador, y de diseño en el sistema de salud en general. De lo contrario, se irán ampliando las diferencias entre los que tienen enfermedades de “primera” y de “segunda”.


Disponible en La Tercera