“Mientras esperamos”

La frase del gobierno sobre el “fin de la obra gruesa” hizo suponer varias cuestiones.

03-07-2016

La frase del gobierno sobre el “fin de la obra gruesa” hizo suponer varias cuestiones. La primera apunta a la decisión de dar por culminada una etapa. Más allá de los detalles -o “las terminaciones”, para continuar con la metáfora- existiría la convicción de que cierto impulso transformador que acompañó a esta administración en los dos primeros años de gestión, ha señalado de manera irreversible la dirección y sentido que deben tener los futuros cambios. Lo segundo es también reconocer que no habrán, ni tampoco se intentarán, más reformas en lo que resta del mandato. Ya sea porque se han alterado de manera sustantiva ciertas condiciones de posibilidad para otras modificaciones futuras, o por la no tan buena evaluación de las pasadas, lo cierto es que muchas de las materias que originalmente estaban contempladas en el programa de gobierno de la Nueva Mayoría serán motivo de debate en la próxima elección presidencial.Una tercera cuestión que sugiere la expresión en comento, es una declaración de clausura, como reconociendo que hasta aquí no más llegamos, que el gobierno -para bien o para mal- fue lo que fue, y habrá que esperar las dos próximas elecciones que tenemos por delante, momento donde la más importante encuesta, aquella que tiene que ver con la soberanía popular, reflejará la última palabra de los ciudadanos.

Pero para cualquiera de estas acepciones, o en la combinación de algunas o todas ellas, lo cierto es que matemáticamente resta casi la mitad del mandato. A riesgo de parecer ingenuo o iluso, pienso que quizás sería posible aprovechar este tiempo que tenemos por delante para, de manera conjunta y buscando un amplio y significativo acuerdo, proponer y materializar algunas transversales áreas de trabajo, que no necesariamente reeditan a corto plazo en términos electorales y que, por los mismo, terminan casi siempre postergadas por otras prioridades.

Una de ellas se refiere a los gruesos déficits de gestión en el Estado y a su urgente modernización en diversas áreas. Superar la vieja y obsoleta discusión de si requerimos un aparato público más grande o pequeño, por el debate de cuáles son las modificaciones para contar con un control y vigilancia más ágil e inteligente por parte del Estado, abordando los desafíos de coordinación y promoción que requiere la intersectorialidad, y de paso abandonando cierta estigmatización que ronda estas temáticas, asumiendo de manera definitiva que la eficiencia y la eficacia sí son un imperativo ético de la acción política, pudiera ser una enorme contribución al desarrollo del país en los próximos años.

En efecto, es un motivo de escándalo y de máxima preocupación lo que está ocurriendo en la gestión de varias políticas y programas públicos; lo que junto a un evidente déficit en las formas y procedimientos para el reclutamiento y retención de sus profesionales, por no decir asesores y principales colaboradores, sitúan a nuestro aparato público como un pálido reflejo de lo que verdaderamente exigen las actuales circunstancias.


Disponible en La Tercera.