“Mujeres y política”

Tratándose de más de la mitad de la población, resulta evidente que existen limitaciones estructurales -tanto políticas, como sociales y culturales- que han impedido y dificultado la mayor incorporación femenina en cargos de representación popular.

12-08-2014

ESTA SEMANA fue despachado por la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados el proyecto de ley que sustituye el sistema electoral binominal. Una de las cuestiones que se aprobó fue la indicación relativa al incentivo financiero para las candidatas electas. Pese al debate instalado sobre el mayor costo que significará aumentar el número de escaños en el Congreso, esta específica cuestión constituye un importante avance para materializar la cuota de género, a resultas de la histórica subrepresentación política a la cual se ven expuestas las mujeres.

Tratándose de más de la mitad de la población, resulta evidente que existen limitaciones estructurales -tanto políticas, como sociales y culturales- que han impedido y dificultado la mayor incorporación femenina en cargos de representación popular. De esa forma, y siguiendo el ejemplo que han acometido otras democracias en el mundo, se ha optado por implementar un sistema de discriminación inversa cuyo principal propósito es avanzar hacia una composición parlamentaria que sea un mejor reflejo de nuestra sociedad.

Sin embargo, subsisten varias contradicciones que deben ser discutidas y resueltas a la brevedad. Una de ellas consiste en adecuar también el actual sistema de elecciones primarias, el que, como sabemos, consagra un procedimiento voluntario, pero cuyos resultados son vinculantes en caso de que los partidos y coaliciones hayan decidido utilizarlo como mecanismo para elegir a sus postulantes. Al no contemplar nuestra ley de primarias, una mínima cuota de género en el previo proceso de selección y nominación de candidatos que hacen las fuerzas políticas, se plantea una inconsistencia con la posterior exigencia que sí materializará la nueva reforma electoral, en el sentido de garantizar al menos un 40% de representación femenina. Y muchas de las propuestas planteadas para resolver este problema tienden a omitir o postergar la discriminación positiva hacia las mujeres, constituyendo un retroceso de lo avanzado durante estos años.

La alternativa más sencilla, y ciertamente la más justa, consiste en modificar la actual ley de primarias, incorporando el principio de listas equilibradas, estimulando a las coaliciones y partidos para dar espacio y reclutar a mujeres candidatas; al mismo tiempo que, desde el inicio, se promueve de manera seria y coherente el cumplimiento del objetivo buscado. De hecho, esta fue la propuesta presentada por la entonces senadora Ximena Rincón, la que pese al apoyo de otros congresistas, incluyendo varias organizaciones ciudadanas como fue el caso de Comunidad Mujer, no lograron permear a las autoridades de la época.

No me resulta extraña la incomodidad que frente a este tema han manifestado muchos dirigentes políticos de manera transversal. Lo que sí resulta incomprensible es no haber escuchado la voz de Claudia Pascual, ministra del Sernam, cuyo silencio espero no esté motivado por su militancia en un partido que nunca ha visto con buenos ojos la discriminación positiva hacia las mujeres.

Disponible en La Tercera