“Ni idea”

La reacción a los atentados en Francia muestra que derecha e izquierda se mantienen aferradas a percepciones obsoletas. Lamentablemente, lo

27-11-2015

La tragedia parisina ha traído a la superficie los peores prejuicios. Mientras Donald Trump ha sugerido que los musulmanes en EE.UU. debieran registrarse en una base de datos, en Polonia una protesta antiinmigrante terminó con la quema de un muñeco que caricaturizaba a un judío. Pero no sólo en la derecha se observa este fenómeno: muchos progresistas europeos parecen encerrados en percepciones superadas por la historia, incapaces de adaptarse a las nuevas realidades.

Su respuesta instintiva es apegarse a los ideales de una Europa unida y con fronteras abiertas. Muy noble, pero al ignorar las preocupaciones de una población que se siente atacada y amenazada, deja abierta la cancha para populistas y xenófobos. Es así como vemos que los partidos tradicionales, aquí y en la quebrada del ají, sufren de una aguda sequía de nuevas ideas.

Para Jeremy Corbyn, líder del laborismo británico, los ataques en París se explican por la participación del Reino Unido en Irak, mientras que la ministra de Relaciones Exteriores sueca, Margot Wallstrom, culpa al tratamiento de los palestinos por parte de Israel.

Curiosamente, la declaración de ISIS fue explícita en delinear otras motivaciones: el rechazo al estilo de vida occidental y el deseo de conquistar Europa en nombre del nuevo califato. Pero no importa, el mundo según Corbyn y Wallstrom se encaja cómodamente en una ideología que lo explica todo. No hay necesidad de nuevos datos, hechos o argumentos.

Lejos del conflicto con ISIS, en Chile la falta de ideas innovadoras en los partidos se expresa en otras áreas. Por ejemplo: ni Sebastián Piñera ni el actual Gobierno han propuesto reformas importantes para promover el crecimiento o la productividad. Dado que el precio del cobre se acerca al valor de producción, ¿qué estrategia industrial propone un gobierno que, por tradición histórica, podría tener más sensibilidad para pensar en una política alternativa?

Ni hablar de los planteamientos que se discuten en el tema educacional. ¿Qué ideas realmente nuevas han aparecido? ¿Se está innovando en las aulas? ¿Se están acortando carreras, ajustándolas a estándares internacionales? ¿Se está mirando los rankings de las mejores universidades del mundo para evaluar sus modelos de gobernanza corporativa? No, la gran innovación es tratar de volver a la gratuidad, algo que existía a mediados del siglo XX.

Todos están de acuerdo en que la colusión es nociva, pero un columnista de derecha sostiene que la solución es más mercado, porque si bien las empresas distorsionan el mercado, el Estado lo hace mucho más. Es decir, no hay nadie que los pare, porque la naturaleza humana es así.

Todas las encuestas muestran los deleznables niveles de apoyo que tienen las instituciones políticas, pero ni la UDI ni RN quieren una nueva constitución. Todos entienden que los partidos tradicionales deben cambiar, y la Comisión Engel les dibujó el mapa. Pero no. Aumentemos las barreras de entrada para nuevos actores con nuevas ideas.

Pregúnteles a los que abogan por una AC: ¿qué les gustaría ver en una nueva carta? No saben. Probablemente responderán que los contenidos los decidirá el pueblo, representado (no sabemos a través de qué mecanismo) en una gran asamblea. Suena lindo, incluso democrático. Pero ¿cómo puede ser que la misma presidenta Bachelet, que ha concluido que la actual Constitución (bajo la cual fue elegida) es ilegítima, no tenga alguna idea respecto al país que quiere construir? ¿Prefiere un sistema presidencial, parlamentario o mixto? ¿Le gustaría ver algún tipo de reconocimiento a los pueblos indígenas? ¿Tiene una preferencia entre un texto maximalista o minimalista? ¿Le gustaría reemplazar la mención del Estado subsidiario con algún otro modelo económico, o prefiere dejar ese tema para los gobiernos democráticamente elegidos? ¿Eliminaría toda supramayoría, o las dejaría para algunas situaciones específicas? ¿Qué herramientas constitucionales usaría para proteger los derechos y libertades individuales? ¿Está a favor de mencionar los derechos sociales? ¿Cómo aseguraría su implementación?

Ni la presidenta ni los que la rodean se han pronunciado. ¿Qué piensan? Ni idea.


Disponible en Revista Capital.

* Fotografía Revista Capital.