No hay futuro sin l@s técnic@s

La educación TP (técnica profesional), a nivel escolar y superior, sigue siendo el pariente pobre. Es en realidad la más fiel expresión de n

28-08-2015

l 26 de agosto se cumplieron 73 años desde que la educación técnica se instauró oficialmente en el sistema educativo. Lamentablemente no hay muchos motivos para celebrar. La educación TP (técnica profesional), a nivel escolar y superior, sigue siendo el pariente pobre. Es en realidad la más fiel expresión de nuestro clasismo. La “universititis” ha inducido falsamente a cientos de miles de estudiantes a la vana ilusión de que un cartón profesional, aunque sea una mugre, en una carrera no acreditada, será su pasaporte al futuro. Es en realidad su pasaporte al desempleo o el subempleo.

Un ejemplo que no puede ser más claro: en Canadá un ingeniero gana dos veces el salario de un pintor con un oficio certificado de la construcción. En Chile, esa diferencia se dispara a ocho veces, esencialmente porque la empresa no puede confiar en las capacidades técnicas ni las competencias del “maestro pintor”. Están muchas veces dispuestas a pagar mejores remuneraciones por buenos especialistas certificados y no los encuentran. La ruta a la productividad y la equidad salarial de Chile pasa por aquí.

No es el único dato. El 55% de los docentes de las especialidades técnicas en nuestros liceos TP carecen de formación pedagógica; el financiamiento público a la educación técnica secundaria y superior es deplorable; sólo el 38% de los IP y CFT están acreditados. Todo esto ocurre en un mundo donde lejos de lo que usted puede pensar, se forma una parte importante de los jóvenes. El 40% de los estudiantes de la educación media y el 42% de la matrícula total de educación superior asiste a la modalidad TP.

Nuestra experiencia de trabajo con liceos técnicos ha sido ilustradora. Cuando se les pregunta a sus estudiantes qué tipo de educación sueñan, ya no les basta con prepararse para el mundo del trabajo, ni que los traten como “ejecutores”. Ellos exigen innovación radical, una formación que potencie el desarrollo integral de la persona. El cartón protocolar que los habilitaría para el trabajo se desplaza por mayores habilidades y competencias para incluirse y aportar a la sociedad.

Asimismo, las comunidades educativas de estos liceos, y en especial las familias, tienen expectativas muy altas sobre los beneficios sociales y personales que traería este tipo de formación. Sus profesores hacen lo imposible por lograr que estas expectativas sean realidad, pero se les hace cuesta arriba cuando se encuentran con un sistema que está subvalorado política, social y económicamente.

Prosigamos: prácticamente no existen instituciones responsables de articular y potenciar la formación técnica a nivel local. El sistema de educación pública no hace esfuerzos por vincular los Planes de Desarrollo Comunal con los proyectos educativos de sus liceos. Salvo honrosas excepciones, tampoco hay sinergias con el mundo laboral y el sector privado, y la educación dual es la excepción antes que la regla. A la falta de equipamientos e insumos para aprender, muchas veces se les exige a sus estudiantes y familias que aporten sus propios materiales.

Como guinda de la torta, los recientes anuncios de gratuidad en educación superior, en la práctica, despriorizaron la educación técnico profesional, donde estudia cerca de la mitad de los estudiantes, generalmente los de menores recursos. El débil argumento del gobierno, paradoja de paradojas, es que no les quieren permitir transitar a convertirse de entidades con fines de lucro a sin fines de lucro… porque habría que repartir la torta de los US$ 500 millones del 2016 entre más instituciones.

El mundo al revés. Los IP y CFT piden que los dejen transitar hacia el fin del lucro y el gobierno no los deja. Con esto se vuelve a privilegiar -en los hechos- la “universititis”. Es imprescindible tramitar una ley corta que facilite el tránsito a la brevedad posible a todos los CFT e IP que así lo deseen a transformarse en corporaciones sin fines de lucro. Es preferible repartir los mismos recursos entre el 40% de menores recursos, incluyendo más técnicos, que entre el 50% privilegiando la “universititis”.

En Educación 2020 queremos que las cosas pasen, que la educación técnica tenga un hito, y que los hechos tengan nombres. Queremos una nueva educación técnica que no tenga fronteras socioeconómicas, que sea atractiva, que sea el espacio para explorar con innovación los intereses de los estudiantes.

Por ello hemos lanzado la campaña “Mejora la Técnica”.Valoramos que este gobierno plantee medidas de largo plazo para esta formación, como los CFT estatales –aunque apenas cubrirán el 2% de la demanda y sólo en carreras cortas- y el Consejo de Formación Técnica, pero aún queda mucho por hacer. Llamamos  a ciudadanos e instituciones de la sociedad civil a apoyar e inscribirse en esta iniciativa con el objetivo de proponer participativamente una nueva educación técnica para el país, y que estas ideas puedan tener cabida en las políticas educativas, con una asignación de recursos congruente con el desafío.

Los invitamos a construir una nueva educación técnica enwww.mejoralatecnica.cl. Apóyenla, compártanla, porque esta será una alternativa ciudadana para terminar con casi setenta años de conmemoraciones denunciantes. Hagámonos cargo de un problema que ayer ya necesitaba soluciones.

*Esta columna fue co-escrita con Patricio Carrasco, investigador de Política Educativa, y Humberto Vaccaro, del Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020.


Disponible en Voces de La Tercera