“Nueva carrera docente”

30-01-2015

Se ha aprobado la llamada Ley de Inclusión, que, salvo por su impacto en los liceos emblemáticos, bien podría denominarse de regulación del sector privado subvencionado.

 

Esta ley impedirá que sostenedores particulares que reciben recursos del Estado puedan cobrar un copago adicional, seleccionar alumnos o lucrar con esta actividad. El gobierno ha cumplido con su promesa programática de ir emparejando la cancha entre establecimientos públicos y particulares subvencionados, disminuyendo la gravitación del poder económico de las familias en la educación. La implementación exigirá, por su complejidad, una acción flexible y vigilante de parte de las autoridades para ir superando los obstáculos legales, técnico-pedagógicos, administrativos y financieros que se avizoran en el horizonte.

El paso siguiente es la “cuestión docente”. La experiencia internacional enseña que no hay atajos: solo habrá educación de calidad cuando se tengan docentes capaces de construirla diariamente en cada escuela. Es inevitable diseñar y acordar políticas docentes de largo alcance que logren superar la alicaída situación actual.

Se requiere cambiar el status de la docencia en la sociedad, lo que permitirá atraer a los mejores candidatos hacia esta estratégica actividad y retenerlos. Así como hoy la medicina o la abogacía logran que los mejores talentos de cada generación, con inquietud y competencia en esas particulares profesiones, opten por seguirlas, lo mismo debe lograrse respecto de la pedagogía. Complementariamente, no se puede seguir posibilitando que jóvenes que no cumplan con los requerimientos mínimos sigan pudiendo acceder a esta decisiva profesión.

La formación inicial de estos futuros docentes debe estar a la altura de la vocación y talento demandados. Las facultades de educación deben convertirse en centros formativos de primer nivel, capaces de formar tanto en los contenidos disciplinarios como en los fundamentos pedagógicos a los maestros del siglo XXI. Renovar estas facultades implica que modifiquen sus mallas de estudio, refresquen sus cuerpos docentes, realicen investigación y se acerquen sistemáticamente a las escuelas (“campos clínico”).

Debe actuarse sobre los actuales docentes, buscando potenciar sus competencias y renovar sus conocimientos. La formación en servicio debe ser relevada en cada escuela, multiplicándose las oportunidades de desarrollo de los docentes que la habitan. Comunidades profesionales docentes que animen un aprendizaje entre pares y directivos convertidos en verdaderos líderes pedagógicos deben ser arietes de esta transformación que se focaliza en la práctica misma de enseñanza-aprendizaje.

Una nueva carrera profesional es la pieza clave para acometer estas transformaciones de la docencia chilena. Ella deberá fijar exigentes parámetros de ingreso a la profesión y desempeño profesional, diferenciar etapas dentro de la trayectoria laboral, regular la formación inicial y en servicio, y especialmente traducir en mejores remuneraciones y condiciones de trabajo el nuevo status social anhelado.
Disponible en La Tercera:
http://diario.latercera.com/2015/01/30/01/contenido/opinion/11-182595-9-nueva-carrera-docente.shtml