“Para no generalizar”

08-05-2016

Hay una porción de la derecha que sí tiene una interesante idea de Constitución, la que merece ser defendida en el espacio público.

 

Nadie esperaba que la derecha aplaudiera el proceso constituyente o que se sumara a cualquier modalidad propuesta por el gobierno; tal como tampoco lo hicimos los más entusiastas de esta iniciativa. Pero cosa muy distinta es negarse, y de paso impedirle a otros, la posibilidad de llevar adelante este debate, como si modificar nuestra Constitución fuera un mal en sí mismo, sin perjuicio de las diferencias sobre el mecanismo más idóneo.

La posición de la UDI no debería sorprender a nadie. Al menos hay que reconocerles consistencia en la tozudez, en la medida que sistemáticamente se han opuesto a los cambios de este texto que inspiró su fundador, aun cuando se tratara muchas veces de normas abiertamente antidemocráticas y que descaradamente beneficiaban a un sector en desmedro del otro. Confieso que en el caso de RN, su última postura llama a cierta confusión. Es verdad que se trata de un partido donde los cambios constitucionales históricamente enfrentaron al sector proclive a la dictadura con aquellos que genuinamente profesaban una vocación más liberal y democrática, cuestión que con los años parecía haberse decantado a favor de las posiciones más moderadas.

Para ser justos, hay partidos y dirigentes en la derecha que han preferido dar un testimonio diferente. Es el caso de Evopoli, una fuerza política emergente con un marcado sesgo por el cambio generacional, y también de personas como el senador Manuel José Ossandón, un ya conocido disidente. En ambos ejemplos no se percibe una condescendencia con el gobierno, ni mucho menos que se hayan guardado las críticas sobre varios de los aspectos de este proceso. Pero la gran diferencia con el resto de su familia política, es que han relevado el interés general, honrando el esfuerzo efectuado en las últimas décadas, por sobre las pequeñas ventajas: sean éstas propinarle otra derrota al gobierno o acatar los caprichos de quien pretende ser el abanderado presidencial de todo su sector.

Además, y mirado con frialdad, la decisión de esta minoría en la derecha no sólo es políticamente más honesta, sino que tácticamente más eficiente. El gran desafío del sector es competir en todos esos espacios de participación que se vayan generando y no regalárselos a sus adversarios. Si de verdad les preocupa que las reglas propuestas no garantizan un juego limpio, es sólo desde adentro y dando real respaldo a sus quejas, que podrán provocar las respectivas modificaciones. Restarse del proceso, cual niño que se lleva la pelota para la casa cuando está perdiendo el partido, no detendrá ni paralizará el juego. Y por último, lo más importante, creo que hay una porción de la derecha que sí tiene una interesante idea de Constitución, la que merece ser defendida en el espacio público.

Mal que mal, y pese a todo lo que dicen algunos, mostrando ignorancia o derechamente mala fe, será sólo el Congreso Nacional, con la mayoría de sus 2/3, el que finalmente dirimirá por el procedimiento y contenido de nuestra próxima Constitución.

Disponible en La Tercera.