“Partidos fuertes con capacidad de respuesta: El único antídoto contra el populismo”

Están las condiciones institucionales para revertir a tiempo la encrucijada política en la que nos encontramos. Ahora falta creatividad, generosidad política y liderazgo colectivo para emprender la difícil e invisibilizada tarea de fortalecer los partidos políticos.

18-01-2017

¿Por qué surge el populismo? El éxito electoral de fuerzas populistas a lo largo del mundo ha instalado esta pregunta en el centro del debate público. Si bien la respuesta a esta interrogante es multi-causal, la investigación comparada en esta materia indica que la existencia de un descontento social acumulado es una de las causas centrales y que en los casos más extremos ha conllevado a un colapso del sistema de partidos. Esto fue lo que pasó en Perú en la década de los ‘90 y en Venezuela en la década del 2000 con la llegada al poder de outsiders como Fujimori y Chávez, respectivamente.

En toda sociedad siempre van a haber demandas ciudadanas no satisfechas. El quehacer político se trata justamente de priorizar ciertas áreas de política pública frente a otras en función de la perspectiva ideológica de preferencia y las necesidades del país. Sin embargo, cuando los líderes y partidos políticos establecidos pierden su vinculación con la sociedad civil, terminan por llevar a cabo reformas políticas que tienen escaso apoyo a nivel ciudadano. Lo que hacen las fuerzas populistas es articular el malestar social producido por la falta de soluciones a preocupaciones ciudadanas y la sensación de que la elite actúa tan solo en función de su beneficio propio. En base a un discurso anti-establishment, el populismo moviliza a los que tradicionalmente se sienten excluidos e invisibilizados por la institucionalidad política. En las recientes elecciones de EEUU, por ejemplo, Donald Trump construyó su campaña en base de una fuerte crítica a la elite política de Washington y sus lazos con sectores económicos que se han visto beneficiados por los tratados de libre comercio. En el continente europeo, a su vez, abundan los ejemplos de partidos populistas de extrema derecha que han movilizado a las “mayorías silenciosas”, críticas con la inmigración, el multiculturalismo y la creciente ola de refugiados provenientes del Medio Oriente.

No hay duda alguna de que en Chile tenemos elevados niveles de malestar social, pero hasta la fecha las elecciones han sido ganadas por políticos pertenecientes a partidos consolidados. Más que un apoyo masivo a nuevas fuerzas políticas que se caractericen por levantar una crítica populista al sistema político, el descontento hasta ahora ha sido canalizado a través de diversos movimientos sociales. Por otra parte, es importante destacar que si bien las encuestas de opinión muestran el incremento de la deslegitimación del sistema político en su conjunto, se han tomado medidas significativas para hacer frente al problema. La agenda de probidad del gobierno, impulsada a la luz de una seguidilla de escándalos de corrupción, ofrece una gran oportunidad para revertir la desconfianza ciudadana en la institucionalidad política. La ley de fortalecimiento de los partidos políticos y la ley de fortalecimiento y transparencia de la democracia, en particular, establecen nuevas exigencias y también mejores condiciones para la renovación partidaria. Con el financiamiento público a los partidos políticos, éstos tienen recursos para la formación de nuevos dirigentes, actividades partidarias e iniciativas para restablecer lazos con la sociedad civil. Asimismo, la nueva legislación regula muchas prácticas poco transparentes que antes eran prevalentes e incentiva el liderazgo político de las mujeres.

Sin lugar a duda, el 2016 ha sido políticamente muy complejo. No obstante, cuando hagamos el balance del año, debemos reconocer el importante avance que se ha logrado en el ámbito de las reformas políticas. Están las condiciones institucionales para revertir a tiempo la encrucijada política en la que nos encontramos. Ahora falta creatividad, generosidad política y liderazgo colectivo para emprender la difícil e invisibilizada tarea de fortalecer los partidos políticos. Reconstruyendo la raigambre partidaria en la sociedad civil, la irrupción de liderazgos populistas se torna menos probable. En otras palabras, avanzar en la recomposición de los partidos políticos, sobre todo en lo que respecta a su capacidad de establecer un rol de conexión y mediación con la ciudadanía, es el mejor antídoto para combatir el populismo.

*Columna publicada en la versión de New York Times publicada por diario La Segunda el 18 de enero del 2017