Perdiendo tiempo

Requerimos a una Presidenta que utilice el patrimonio político que le queda para ejercer un liderazgo que llene el enorme vacío de poder gen

05-08-2015

Los jugadores de poker suelen decir que cuando se baraja nadie pierde. Ese principio pareció animar las conclusiones del “cónclave” oficialista, donde más que dar cuenta de un rumbo demarcado con decisiones, todo terminó en una amalgama lo suficientemente ambigua para prolongar la espera. Y aunque para muchos pudiera ser meritorio que los principales líderes de la Nueva Mayoría compartieran por más de cinco horas sin tirarse las sillas por la cabeza, se trata de un objetivo menos que modesto.

Lo que parece no comprenderse todavía, es que son justamente esas indefiniciones las que originan la incertidumbre, mucho más, incluso, que la adopción de un camino contrario a nuestra preferencias. Fue así, que revisitando un estilo y una estética a la cual la Presidenta ya nos tiene acostumbrados: se junta al montón en una dinámica aparentemente participativa, se oye lo poco y nada que los integrantes pudieron decir, Bachelet observa el proceso desde lejos, lo comenta como una tercera en disputa y finalmente arbitra estas diferencias; siempre cuidando de capitalizar las ganancias cuando las cosas salen bien -algo que no ocurre hace tiempo- o socializando las pérdidas como el resultado de una decisión colectiva.

Lo que requerimos hace varios meses, especialmente ayer, y que ojalá sí se haga el día de mañana, es a una Presidenta que utilice el patrimonio político que le queda para ejercer un liderazgo que llene el enorme vacío de poder generado o, en su defecto, que al menos deje hacer a los otros miembros de su gobierno y líderes de la coalición que parecen menos sensibles a los costos que acarrea sostener una posición.

Así por ejemplo, y más allá de un confuso anuncio en materia de gratuidad para la educación superior, nos hubiera gustado saber de decisiones específicas en torno materias tan relevantes cómo: agenda de probidad y transparencia, supuestamente liderada por Bachelet y cuyos proyectos de ley deberían ser aprobados antes de iniciar la discusión presupuestaria; reforma laboral, específicamente sobre la decisión del gobierno para titularidad sindical y reemplazo en huelga; nueva Constitución, explicando de una vez por todas el procedimiento participativo y vinculante anunciado tantas veces; y, por último, saber de los programas y acciones que permitirían reactivar nuestra economía.

No era necesario hacer un cónclave para resolver todo esto, ni mucho menos pensar que éste podría suplir la falta de voluntad y coraje para tomar decisiones y soportar los costos internos que éstas siempre acarrean.


Disponible en Voces de La Tercera