“¿Por qué votar en las municipales?”

Como ha dicho Fernando Savater, recordando a Napoleón, con las bayonetas se puede hacer casi todo menos sentarse encima.

26-09-2016

Ha comenzado formalmente la campaña para la próxima elección municipal. Esta para muchos será una elección compleja, por la amenaza de una alta abstención y la desconfianza patológica hacia la política.

Sin embargo, pese a ello, los datos recientes -como la Auditoría a la Democracia, del PNUD, o la Encuesta Nacional de la PUC- muestran que los chilenos siguen valorando la democracia y confían más en los municipios que en el Gobierno o el Congreso. Por eso, votar en esta elección importa.

A lo mejor muchos no saben que los municipios son anteriores al Estado moderno. Fueron, desde su origen, una organización local basada en la cooperación de los vecinos y el autogobierno para la gestión de sus propios intereses. Eso explica que su definición hasta hoy sea la de una corporación (una asociación de personas para un interés común, que no tiene dueño). Por lo mismo, Tocqueville decía que “es el hombre quien crea los reinos y las repúblicas; pero el municipio parece salir directamente de las manos de dios”, para referirse a su auténtica autonomía de los gobiernos locales frente al poder central.

Los municipios son una organización relevante para la vida comunitaria y eso explica que fuera uno de los primeros lugares en los que, históricamente, las autoridades gozaran de legitimidad democrática. Hay muchos que ven en ellos el lugar de preocupaciones menores y adjetivas; pero quienes creen eso no sólo manifiestan ignorancia, sino que además olvidan que éstos, al final del día, son fruto de la propia organización de los vecinos, lo que tiene un valor para la democracia que es difícil replicar en otra instancia.

Pero existe una segunda razón para involucrarse en esta elección. En democracia las elecciones nos hacen responsables de lo que hacemos. Eso vale para la acción e inacción. Para la acción, por los electos. Para la inacción, por los ineptos. No es aceptable salir a las calles, reclamar cambios, exigir la deliberación de todos nuestros asuntos públicos, interpelar a los políticos, y no ejercer la más básica actividad de una democracia, el voto. En las elecciones todos somos políticos y en la política la discusión que vale es la del espacio público, no la del bar, la furia de las redes sociales o la sobremesa del domingo.

Hay algo evidente de vivir en sociedad y es que coexistimos como socios. El voto es la manifestación de la democracia. Aunque éste no es una solución para nuestros problemas, sí es el medio para resolver nuestras diferencias y construir una comunidad.

Como ha dicho Fernando Savater, recordando a Napoleón, con las bayonetas se puede hacer casi todo menos sentarse encima. Bueno, con la democracia pasa exactamente lo mismo: se puede hacer mucho, pero si nos sentamos sobre ella probablemente lamentaremos las consecuencias.

Disponible en La Segunda