“Productividad: una función (más) compleja”

Debe ponerse el foco en la situación en que se encuentran y en el contexto en que toman sus decisiones quienes en el futuro conformarán la fuerza laboral.

07-04-2017

En Chile existe una creciente preocupación por los bajos niveles de productividad exhibidos por el país. Medidas como la Productividad Total de los Factores demuestran que la eficiencia en el proceso productivo ha venido disminuyendo, afectando negativamente el crecimiento.

La preocupación por la productividad es por las empresas y sus ganancias, por el país y su crecimiento, pero también por el bienestar de las personas. Como se señala en el libro “Chile: Desafíos de la productividad y el mundo laboral” lanzado hace pocos días por la OIT, mejoras en la productividad permiten incrementos salariales y mejoras en la calidad de vida de los trabajadores y sus familias.

En este libro, la Confederación de la Producción y del Comercio se refiere al bajo nivel de capital humano de la fuerza laboral como límite a incrementos de la productividad. Al respecto, identifican en la educación técnica “cuatro desafíos pendientes”: la falta de vínculo con el mundo productivo y la empleabilidad; de flexibilidad y articulación entre distintos niveles de formación para el trabajo; de prioridad en el foco de las políticas públicas y; de información relevante para la toma de decisiones.

Sin lugar a dudas, este diagnóstico apunta a cuestiones clave. Sin embargo, es tan acertado como incompleto. Como suele ocurrir en el mundo de las políticas públicas, le falta algo clave: los actores.

En una economía que se torna más productiva debieran tender los estudiantes a elegir las carreras mejor pagadas. Y sin embargo, como revela el estudio realizado por Espacio Público sobre desigualdades de género en la Educación Media Técnico Profesional, en las elecciones de estos estudiantes priman otras consideraciones.

Por ejemplo, todos los estudiantes entrevistados declararon querer seguir estudios superiores. ¿Por qué entonces escogen una formación para el trabajo –la educación técnica-, en lugar de la vía científico-humanista que los prepara mejor para el ingreso a la Universidad? Porque en un contexto de vulnerabilidad, la educación técnica es un seguro más inmediato. Ese cartón los protege contra la pobreza y la incertidumbre en tanto egresar de cuarto medio científico humanista es, “salir con nada”. Al lado de esto, consideraciones respecto de qué especialidad técnica escoger, ya sea para seguir una carrera en ese mismo sector más adelante o para lograr mayores retornos en el mercado laboral, son de segundo orden y no aparecen como relevantes.

¿Por qué con frecuencia escogen –sobre todo las mujeres- seguir especialidades en sectores de baja productividad? Porque su elección está constreñida por los sesgos de género. Y esto en concreto significa que no se promueven las distintas especialidades de la misma forma entre hombres y mujeres. Se facilita e incentiva la entrada de los primeros a las especialidades industriales –mejor pagadas- y de las segundas a las del sector servicios –peor pagadas-.

La presión de los pares, la búsqueda de una satisfacción inmediata (estar en el mismo curso que los amigos, hacer cosas “prácticas” en lugar de estudiar cosas “teóricas”), la limitada oferta de especialidades por zonas son otros factores que explican la elección de esta modalidad y de especialidades en sectores de baja productividad.

No es entonces solo la falta de vínculo entre educación y mundo productivo, ni de articulación entre distintos niveles de formación, ni de información para la toma de decisiones lo que explica los límites que pone el capital humano para transitar hacia una economía más productiva. Debe también ponerse el foco en la situación en que se encuentran y en el contexto en que toman sus decisiones quienes en el futuro conformarán la fuerza laboral.

Disponible en La Tercera