“Punto de partida”

A pesar de que falta mucho tiempo para las elecciones, es indicativo del momento actual el que ya se esté hablando de candidaturas presidenciales.

27-07-2014

UN DESTACADO periodista me comentó esta semana de lo indicativo que resultaba el que ya estuviéramos hablando sobre futuras candidaturas presidenciales. Prematuro para muchos, insulso para otros, o revelador del desorden para algunos, quizás sea interesante poder mapear un preliminar estado de la cuestión.

Es un hecho, aunque su intensidad pasa por períodos, que la favorita de Bachelet para suceder el esfuerzo que ya por dos veces ella encabezó se llama Carolina Tohá. La edil por Santiago pertenece a un grupo que preliminarmente podríamos bautizar como el “progresismo oficialista”. Son parte también de dicha cultura política otros aspirantes a candidatos como Ricardo Lagos Weber, Guido Girardi o el mismo Felipe Harboe. La lógica indica que no habrá entre ellos una competencia electoral abierta, por lo que dicha comunidad se supeditará a quién acredite las mejores posibilidades. Si quizás el único que podría alterar este cuadro es el actual ministro del Interior, cuyo buen desempeño y cercanía con la Presidenta son importantes activos para rápidamente escalar en esta contienda.

Un segundo grupo, para estos efectos diremos los “liberales críticos”, es actualmente liderado por Andrés Velasco. El problema que enfrenta el ex ministro es que a ratos parece equivocado de camino o que se perdió en el barrio. De hecho, es ya un motivo de bromas el que su gran activo político descanse en la simpatía que genera en sus formales adversarios y, en cambio, no ha logrado que su liderazgo cale con igual entusiasmo en su familia política de pertenencia. Entonces, y al igual que ocurrió desde la primera vez que pensó en la carrera presidencial, persiste en él una interrogante fundamental: ¿competir por dentro o por fuera?

Las cosas no están más fáciles para lo que podríamos denominar la cultura socialcristiana en general y la falange en particular. Pese a que alguno de los actuales funcionarios de gobierno podría eventualmente dar una sorpresa, no se avizoran claros liderazgos para afrontar de manera competitiva una próxima carrera presidencial. Sin ir más lejos, y ya parece convencer a muchos, la situación de la DC podría homologarse a la de la UDI: ser el partido más grande de su coalición, generando gran influencia en la ejecución de un programa e incluso siendo decisivos en la elección del candidato, pero condenados a no poder encabezar dicho proceso con un nombre de sus filas.

Por último, la solvencia electoral que Marco Enríquez-Ominami registra en las últimas encuestas lo posesiona como un serio aspirante, siempre y cuando pueda competir al interior de las fuerzas que aglutinan ese muy amplio espectro que conocemos como “la centroizquierda”. Lo complejo esta vez, al igual que en la parábola del Hijo Pródigo, es que su mayor problema no será afrontar al padre, sino vérselas con sus hermanos, los que naturalmente resentirán que se reclamen vínculos filiales para competir después de haber renegado tan duramente de la familia.

Disponible en La Tercera