“¿Qué hacer con el Transantiago?”

Antes de inyectar un peso más al Transantiago es necesario saber por qué tantos recursos no logran mejorar un servicio que hoy afecta a los más pobres.

04-06-2016

El Transantiago es un paciente que lleva demasiados años derivándose de un especialista a otro debido a malos diagnósticos o por la negativa de sus cercanos a aceptar que requiere cirugía mayor.

La propuesta de cofinanciarlo mediante un descuento por planilla en los salarios, incorrectamente presentada como gratuidad, adolece del mismo defecto, ya que sitúa su foco en la evasión y no en la calidad de servicio, que es el gran problema a resolver.

El tema no son los recursos. Desde 2009 se han aprobado cuatro leyes para aumentar el subsidio al Transantiago, acumulando montos equivalentes a todo lo invertido en el Metro desde 1969 y, pese a ello, han empeorado sus índices de frecuencia, regularidad y demanda.

Hoy tenemos buses más deteriorados, lentos y contaminantes y a los dueños del 50% de la flota alertando por los diarios que van a quebrar salvo que les entreguen más recursos y garantías, tal como lo hicieron antes que se aprobara la última alza de subsidio.

Esta dinámica es insostenible. Antes de inyectar un peso más al Transantiago es necesario saber por qué tantos recursos no logran mejorar un servicio que hoy afecta a los más pobres e impide retener a quienes aumentan su ingreso y eligen pasarse a modos menos sustentables.

Ya no sirve culpar al empedrado como ha sido la tónica desde que partió el Transantiago. Tenemos que ir al corazón del sistema y preguntarnos, por ejemplo, si funcionan los descuentos por mal servicio que hoy contienen los contratos con los operadores, si tienen un tope tan bajo respecto a los ingresos que estos perciben. También si existen incentivos reales para controlar la evasión dado que sus pérdidas pueden compensarse con otro subsidio, o qué tan efectivas son las multas por mal desempeño si pueden alegarse por meses en tribunales y no han servido para caducar un solo contrato.

Asimismo, necesitamos hacer preguntas más estructurales, como el destino más eficiente de los recursos que van al transporte público, su régimen de propiedad, la necesidad de ampliar decididamente la red de Metro o de construir trenes de cercanía y estaciones que faciliten la combinación con colectivos, buses o bicicletas.

Como Espacio Público estamos trabajando en estas preguntas, a fin de elaborar un diagnóstico que ayude a entender por qué sigue fallando el Transantiago y formular una propuesta que resuelva su gran deuda social, que es brindar un servicio digno, acorde con los enormes recursos fiscales que demanda.


Disponible en El Mercurio.

* Fotografía Emol.