Rechazo a la política

Es el “rechazo a la política” lo que ha afectado la popularidad de las reformas y la popularidad del gobierno, pero en realidad nada tiene q

13-05-2015

En estadística existen las llamadas variables de confusión. Son aquellas variables “extrañas” que existen en un modelo que intenta explicar el efecto de una variable sobre otra. Se percibe en el modelo que A afecta directamente a B, pero eso en realidad es incorrecto. Se debe más bien a esa variable “extraña” que no observamos que afecta A y afecta B, pero ha sido omitida del modelo.

Entonces, no hay ninguna relación entre A y B, pero dado que no vemos a esa variable “extraña” nos confundimos. Esa es la variable de confusión.

Un ejemplo de clases es la incidencia que tendría una madre con obesidad en un niño con obesidad. Alguien me podría decir que las madres obesas tienen niños obesos. Sin embargo, hay ciertos factores culturales que afectan las decisiones alimentarias de madres y niños, pero no hay un efecto directo de la obesidad de la madre sobre el niño. Las conclusiones son bien diferentes. En un caso no hay nada que hacer, excepto esperar que las madres obesas no tengan hijos, para que así la obesidad desaparezca del mapa. En el otro, habría que educar a los niños de manera tal que se alimenten mejor de lo que lo hacían sus madres.

Me acordé de esto a raíz de la discusión que se está dando con respecto al “rechazo a las reformas”, el “rechazo a la política” y la caída en la popularidad del actual gobierno (aunque la caída es de toda la clase política). Hay quienes interpretan que el “rechazo a las reformas” ha disminuido la popularidad del gobierno. Creo que hay una variable de confusión. Es el “rechazo a la política” lo que ha afectado la popularidad de las reformas y la popularidad del gobierno, pero en realidad nada tiene que ver el supuesto rechazo a las reformas con la baja popularidad del gobierno.

El Informe de Desarrollo Humano 2015 recientemente presentado por el PNUD nos entregó evidencia muy valiosa. La principal conclusión es que la sociedad chilena vive un proceso de politización. Esto no quiere decir una valorización de “la política”, sino más bien de “lo político”. “Lo político” como aquellas decisiones que pueden ser decididas en lo colectivo, “la política” como el diseño institucional que expresa lo político. Sin embargo, lo más preocupante de este informe es que también muestra que la elite está completamente alejada de la ciudadanía en justamente el contenido de “lo político”.

La encuesta a las personas indica que un 81% de la ciudadanía estima que se necesitan cambios profundos en el sistema de pensiones, 79% en el sistema de salud, 77% en el financiamiento de la educación, 67% en la cantidad de impuestos que pagan las grandes empresas, 58% en la cantidad de impuestos que pagan las personas y 53% en la capacidad de negociación de los trabajadores frente a los empleadores, entre otros.

Por otra parte, los datos muestran que solamente un 1% de la elite económica, aquellos en cargos de poder de distintos sectores de la economía nacional, estima que se requieren cambios profundos en el modelo económico. Al mismo tiempo, apenas el 25% de la elite política, esa que se refiere a los más influyentes puestos de los diferentes poderes del Estado y del sistema de partidos políticos, cree que se necesitan cambios en el modelo económico. Ni siquiera la elite simbólica, quienes tienen la capacidad de incidir en el debate público, interpretar las transformaciones culturales y administrar los bienes de distinción, logra reflejar los valores ciudadanos, y solamente un 33% de ellos cree que se necesitan cambios profundos en el modelo económico. De hecho, solamente la elite social, aquellos capaces de crear, movilizar y representar los intereses de la ciudadanía más allá de los partidos políticos, logra reflejar un 78% esta pregunta, alineado con preferencias ciudadanas.

Actualmente la mirada de esa elite económica, política y simbólica que influencia, diseña y defiende “las mejores políticas públicas” sin considerar la opinión de la ciudadanía muestra fallo total: las políticas de la elite que ha gobernado por más de 30 años no logran convencer a la sociedad, pero también muestran que las políticas que actualmente se puedan estar diseñando con esta democracia de ahora  están absolutamente desalineadas de las necesidades de la ciudadanía.

El informe del PNUD muestra que la ciudadanía ha volcado su mirada a “lo político”. Están conversando en sus casas, en sus reuniones familiares, en sus grupos de whatsapp. Están críticos y la elite económica y política no está logrando entender. Sin embargo, la ciudadanía está también tensionada y tiene dificultades para traducir sus intereses políticos en acciones políticas colectivas. La ciudadanía está desconfiada de sus elites. La ciudadanía quiere una mayor participación directa, pero aún no entiende el sentido colectivo de sus acciones.

Está claro que necesitamos otra forma de hacer “políticas”. Una que realmente logre reflejar “lo político”. Esta tarea tiene que ver con una democracia que logre una verdadera representación de la mayoría social. Tiene que ver con que la elite económica y social se sacuda el miedo y sea más ingeniosa. Porque si aquellos que tienen el poder no abren la puerta y salen de ahí por sí mismos y se empapan del nuevo Chile, no nos extrañemos que la ciudadanía, una vez superado el no entendimiento del efecto de sus acciones colectivas, tarde o temprano los querrá sacar de sus poltronas a empujones.

La ciudadanía está profundamente decepcionada de las formas de hacer política, pero está demandando cambios profundos en muchas dimensiones. Lo que ha bajado la popularidad del gobierno y de toda la clase política no son el impulso de las reformas estructurales, sino la idea de que la elite económica y política, esas tan altamente vinculada, sea la que realmente pueda realizar esos cambios.

La ciudadanía se ha mantenido firme en sus demandas y paciente en la espera de sus soluciones. Ahora tienen esperanza, racional y cierta, de que las cosas pueden ser diferentes. El desafío en esta etapa de nuestro desarrollo es que la elite se deje de excluir de la verdadera sociedad en la que vive. Esperemos que lo haga a tiempo y logremos como país ofrecer a la ciudadanía esos cambios profundos que son demandados por la inmensa mayoría; que sea la ciudadanía la que defina y la élite la que escuche.


Disponible en Voces de La Tercera