“Reforma al sistema de Isapres: una discusión normativa”

i es que se quiere avanzar hacia un verdadero sistema de seguridad social es importante que se aseguren estándares mínimos para todos independiente de las características del asegurado y su posibilidad de acceder al mercado privado.

08-02-2017

La Comisión de Salud del Senado anunció que en marzo retomará la discusión de la reforma al sistema de Isapres. En ese proceso, es importante entender que el sistema de salud (como todas las políticas públicas) está basado en principios normativos que tienen implicancias concretas sobre su funcionamiento. El análisis de dichos principios debiese ser el punto de partida de cualquier discusión en torno a propuestas de reforma, antes incluso que la evaluación de su dimensión técnica. Es importante determinar como sociedad qué tipo de sistema queremos, para así realizar propuestas que sean consistentes con tales preferencias.

Respecto al aseguramiento, la característica valórica más evidente de nuestro sistema es el individualismo. Cada uno carga con su propio costo, no existen mecanismos solidarios para compartir riesgos entre distintos grupos. El diseño institucional facilita la segregación en base a perfiles de riesgo: las Isapres pueden, estratégicamente, fijar precios altos a los planes para grupos de mayor riesgo, incrementarlos en el tiempo acorde a la variación del perfil, e incluso rechazar la afiliación desde un principio, para así seleccionar afiliados baratos, derivando a usuarios caros al asegurador de última instancia, Fonasa. No es casual, entonces, que es más probable que el usuario promedio de una Isapre sea hombre, joven y de altos ingresos.

La lógica expuesta contradice los principios de la seguridad social, ya que no existen transferencias solidarias entre la población más y menos riesgosa: de hombres a mujeres, de jóvenes a ancianos, de ricos a pobres. Así, grupos que requieren un mayor apoyo por parte del sistema terminan expuestos a peores condiciones de aseguramiento. Debemos preguntarnos si queremos que el sistema discrimine a ciertos grupos simplemente por haber nacido con determinadas condiciones, sobre todo si consideramos que detrás de cada embarazo hay un hombre, que todo joven alguna vez será anciano, y que las causas de la pobreza tienen un importante carácter estructural. Como si fuera poco, producto de las brechas salariales de género y el bajo monto de las pensiones, los grupos aludidos son especialmente perjudicados por los altos precios.

La naturaleza individualista del sistema posiblemente explique el desprestigio que ostentan las Isapres. La Encuesta de Desarrollo Humano realizada por el PNUD el año 2013 muestra la confianza que le tienen los encuestados a distintas instituciones. En una escala de 1 a 7, las Isapres obtuvieron nota 2.6, posicionándose en el lugar 19 de 21, solo superando al congreso y los partidos políticos. La encuesta realizada por la Comisión de Pensiones el año 2014 muestra resultados similares: un 86% reporta tener nada o poca confianza en las Isapres, nuevamente solo estando mejor que el congreso y los partidos.

Así, cualquier propuesta de reforma debe revisar los principios de solidaridad que sustentan el sistema. La OMS recomienda avanzar hacia el establecimiento de seguros con subsidios cruzados entre grupos de alto y bajo riesgo, que no discriminen. Si es que se quiere avanzar hacia un verdadero sistema de seguridad social es importante que se aseguren estándares mínimos para todos independiente de las características del asegurado y su posibilidad de acceder al mercado privado. La reforma debe entenderse como parte de una reflexión en torno al sistema en su conjunto: propuestas concretas deben responder a los principios normativos de la no discriminación y la seguridad social.

Disponible en La Tercera