“Repatriando la vergüenza”

Mientras se les pide un esfuerzo adicional a las personas y empresas, a la vez se está premiando con una tasa a quienes optaron por burlar las leyes cambiaras.

07-09-2014

Cualquiera sea la opinión que tengamos sobre el protocolo de acuerdo para la reforma tributaria, a última hora fuimos sorprendidos por una materia que pese a no haber sido discutida y resuelta en los ya bullados tecitos con galletas, o en el trajín de la cocina, si así lo prefieren, fue incorporada por el gobierno y posteriormente aprobada por los senadores de la República: la repatriación de capitales.

En lo que particularmente nos convoca, consiste en facilitar que puedan retornar los capitales de personas y empresas chilenas que figuran en el exterior, a cambio del pago de un impuesto de 8% durante el plazo máximo de un año. Los promotores de esta iniciativa han argumentado que se trata de un mecanismo que incentivará el retorno de importantes sumas de dinero, cuyo impuesto engrosará las arcas fiscales y así permitirá abordar mejor las distintas prioridades de la política pública.

Y aunque en principio parece de todo sentido común, tal explicación es técnicamente falaz y éticamente inaceptable. Hoy existen mecanismos para que las empresas chilenas registren sus inversiones y utilidades obtenidas en el extranjero, las que incluso están amparadas con diversos incentivos y mecanismos de protección. De lo que aquí estamos hablando es de grandes sumas de dinero, y sus correspondientes utilidades, que se disfrazaron u ocultaron de la autoridad competente, las que incluso pudieron haber sido ilegalmente sacadas del país. Dicho de otra manera, en el mismo momento en que estamos pidiendo un esfuerzo adicional, subiendo los tributos a todos los ciudadanos y empresas que con responsabilidad y rigor pagan habitualmente sus impuestos, con tasas que comienzan en el 19%, como es el caso del IVA -que afecta a todos, incluyendo las personas más modestas-, estamos también premiando con una tasa preferencial a quienes por distintas razones optaron por burlar las leyes cambiarias que, a la fecha, consignan multas hasta tres veces el monto del capital.

Pero esto puede ser todavía peor. La grave e injusta discriminación antes descrita supone que estamos en presencia de operaciones lícitas. En los hechos, nada asegura que también puedan acogerse a este beneficio aquellos capitales provenientes del contrabando de armas, el narcotráfico, el terrorismo o la corrupción. Entonces, digámoslo con claridad: para estos casos, que fácilmente podrían disfrazarse como una simple evasión de impuestos, lo que finalmente también estamos alentando es el posible blanqueo de capitales provenientes de actividades criminales.

Sinceramente, no entiendo cómo llegamos a este punto, cuando dos de los principios básicos que informaban a este proyecto eran la justicia tributaria y el término de la elusión. Esta escandalosa “facilidad” que se les está dando a los infractores, lo digo en el mejor de los casos, es no sólo una concesión indigna, sino una bofetada a esa gran mayoría que a diario y con gran sacrificio decide cumplir sus obligaciones personales y para con su comunidad. Por todo lo anterior, y como un acto de decencia, espero que la Cámara de Diputados rechace esta cuestión.

Disponible en La Tercera