“¡Salud por Chile!”

Sí, a los mapuche nos gusta la fiesta. En lo personal yo me sumo a todas. Los que me conocen saben que soy un promiscuo cultural.

18-09-2016

Una pregunta recurrente en estos días ha sido si como mapuche celebro las Fiestas Patrias. “Por supuesto”, ha sido mi respuesta. Lo hago desde que tengo memoria. También mi familia y gran parte de nuestra comunidad de origen, allá en Entre Ríos. Todos mapuche. Y todos disfrutando de las ramadas y el siempre grato ambiente dieciochero. En casa era toda una tradición. Hasta hoy adoro el ponche y los alfajores con chancaca. Sí, los mapuche también celebramos el 18 de Septiembre, a pesar del conflicto, los dolores y toda esa mala historia acumulada. Con Amankay, mi hija de 11 años, varias veces hemos ido al recinto ferial de la Sofo. Allí se instalaba incluso una ruca. Era la “fonda mapuche” que se llenaba de visitantes. “Poroto en paila marina”, pensarán algunos. Para nada. Sincretismo cultural. Y pragmatismo del bueno.

Y es que los mapuche, hay quienes piensan lo contrario, somos un pueblo bastante alegre y festivo. José Bengoa, que mucho ha escrito sobre nuestra historia, señala que sin Estado ni estructuras jerárquicas, la gobernanza mapuche descansaba sobre un nutrido calendario de bien regados “eventos sociales”. Allí las parcialidades dialogaban y pactaban. La paz o la guerra. O bien la defensa mutua frente a un tercero. Allí se forjaban las alianzas. También los casorios y compadrazgos.

“Un pueblo alegre y afable, susceptible de las más nobles virtudes”. Así describía a los mapuche en el siglo XIX el intelectual liberal, ministro y diputado José Victorino Lastarria. En 1868 fue uno de los tres parlamentarios que votó en contra de la ley que permitió la Ocupación militar de La Araucanía. Otros 48 votaron a favor. En Santiago una hermosa calle llena de bares lleva su nombre. Siempre que visito la capital, en ese barrio empino el codo. Y a su salud como es de caballero. Sí, a los mapuche nos gusta la fiesta. En lo personal yo me sumo a todas. Los que me conocen saben que soy un promiscuo cultural. Consciente del valor de mi propia identidad, no es temor o desconfianza lo que siento por el otro; es más bien curiosidad. ¿Y si el chileno fuera igual de curioso y respetuoso con lo nuestro? Hasta podríamos celebrar dos Fiestas Patrias. Las de ustedes y las nuestras. Díganme si no es una buena idea. ¡Salud por Chile!

Disponible en diario Austral de Temuco