¿Sorpresa?

Sorpresa es que un Diputado de la República haya prestado asesorías a una empresa cuya sola relación contractual representaba un evidente co

09-06-2015

La renuncia del Ministro Secretario General de la Presidencia es una tragedia para un gobierno que no logra levantar cabeza. Es también una pena para el propio Jorge Insunza, un hombre inteligente, bien inspirado, y que ha dedicado muchos años y esfuerzos a la actividad pública. Pero el desenlace de este episodio no debería ser una sorpresa para nadie.

Sorpresa es que un Diputado de la República haya prestado asesorías a una empresa cuya sola relación contractual representaba un evidente conflicto de interés. El hecho se agrava por cuanto era un distrito con altísima presencia de la industria minera y, como si fuera poco, Insunza presidió dicha comisión en el parlamento y participó en varias decisiones sin nunca alertar sobre este vínculo.

Sorpresa es que la Presidenta de la República lo haya nombrado en el cargo. Respecto de esta cuestión tenemos dos versiones. La primera, es que el detalle y gravedad de los hechos no fueron debidamente advertidos por Insunza, lo que añade un juicio de reproche hacia él y también revela la falta de diligencia y profesionalismo del gobierno. La segunda, ratificada por el vocero el día sábado en un vespertino, donde confirma que Bachelet estaba en conocimiento de estos antecedentes cuando lo designó, desnudaría la completa irresponsabilidad e incomprensión deLa Moneda ante la grave crisis política por la cual atraviesa el país.

Sorpresa también causaron las explicaciones iniciales que dio el ex ministro. En este caso, como en muchos otros que hemos visto durante estos meses, justificar sus acciones por la vía de sostener que no se vulneró la ley atenta contra el más básico sentido común ciudadano, en la medida que no sólo estamos discutiendo de legalidad sino que de legitimidad; más cuando se trata de un alto funcionario público que adicionalmente debía llevar adelante la agenda contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción.

Sorpresa es como la oposición intenta empatar con este episodio. Jorge Insunza hizo ahora lo correcto, con el coraje y madurez que se espera de cualquier servidor público. Y aunque su decisión no borra sus errores y desaciertos previos, al menos confirma que es otro el estándar que la ciudadanía exige de sus dirigentes políticos. Y, sobre aquello, sería bueno que muchos desvergonzados tomaran nota.


Disponible en Voces de La Tercera