“Sustentabilidad: Lo barato cuesta caro”

30-01-2015

Chile, como otras economías emergentes, pasa por un momento de crecimiento modesto, que se proyecta para 2015. En este escenario, las empresas y los gobiernos se enfrentan a distintas tentaciones que, al final del día, pueden costar caro.

 

Ocurre en muchos países que cuando la pista se pone difícil, se etiqueta la protección del medioambiente como una barrera para la inversión. Y surgen dos tentaciones como resabio de otros tiempos: la tentación de las empresas de abaratar costos en perjuicio del cumplimiento ambiental; y la tentación de los gobiernos de flexibilizar exigencias ambientales en sus paquetes de reactivación económica, o al menos de aparentar hacerlo. La mala noticia es que lo barato cuesta caro y a la larga es ineficiente.

En cuanto a los gobiernos, la literatura económica no ha demostrado que la adopción de políticas ambientales más estrictas frene el crecimiento. El economista Michael Porter sugirió en 1991 que éstas incluso pueden aportar una ventaja competitiva. En diciembre, la OCDE, luego de un análisis de 20 años de las políticas de sus estados miembros, reveló dos cosas: que el aumento de las exigencias ambientales no ha tenido ningún efecto negativo en la productividad y, que el relajamiento de las políticas ambientales no apoya necesariamente la recuperación económica. En cambio, se ha constatado que políticas ambientales más estrictas y bien diseñadas, junto a una adecuada combinación de instrumentos y procedimientos razonables, pueden ser un factor de crecimiento económico.

La OCDE también demuestra que las empresas visionarias y responsables que antes implementan mejoras tecnológicas adquieren luego una ventaja competitiva indiscutible, además de elevar el nivel de la industria. Relajar las exigencias a la larga perjudica a estas empresas.

En cambio, si las empresas ceden a la tentación de ahorrar en medidas preventivas o correctivas, y de relajar el cumplimiento ambiental, por un tiempo habrá un “otro difuso” que asumirá las externalidades negativas. Está demostrado que los más afectados por la contaminación y la sobreexplotación de los recursos naturales son los grupos más vulnerables de la población. Los ciudadanos ejercen cada vez más su derecho a saber y han aprendido a usar las herramientas de la transparencia y del acceso a la información. La tendencia es a que la ciudadanía actúe como colaboradora de la fiscalización ambiental. Sabemos que las redes sociales tienen el poder de convocar a una multitudinaria marcha en un día. Y en un día también, una sanción fuerte y publicitada, por incumplimiento, puede derrumbar la reputación de una empresa, que tanto cuesta construir.

Los gobiernos y las empresas deben estar conscientes de que no hay retorno en esta demanda creciente de la ciudadanía por gozar de un ambiente sano con calidad de vida. Para asegurar un desarrollo sostenido y sostenible necesitamos paz social, equidad ambiental y confianza en reglas claras y eficaces para todos los actores.

Disponible en Qué Pasa Minería:
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Fotografía: Miningpress.cl