“Terminar con la impunidad”

La política no debiese poder “comprarse”, y parte de la deslegitimidad que sufre hoy se debe al poder que ha tenido el dinero sobre ella.

01-12-2015

La semana pasada una Comisión del Senado aprobó que el financiamiento irregular de la política, es decir, el que supere los montos mínimos autorizados y el que provenga de empresas, será sancionado con multas, penas de cárcel y pérdida del cargo de parlamentarios, alcaldes, concejales y CORES.

Muchos han dicho que estas sanciones son bastante drásticas, especialmente considerando el panorama actual donde prácticamente no hay sanciones y los casos que está investigando el Ministerio Público se centran en las llamadas “boletas ideológicamente falsas” ( es decir, delitos tributarios) pero no en el financiamiento ilegal.

Sin embargo, es fundamental para nuestra sociedad sancionar estos hechos de una forma contundente. La política no debiese poder “comprarse”, y parte de la deslegitimidad que sufre hoy se debe al poder que ha tenido el dinero sobre ella. La influencia del que posee más no debe ser mayor que la de la mayoría de los electores, dado que uno de los principios de nuestra democracia es que el voto de cada uno de nosotros vale lo mismo que el de los demás, sin importar su origen, posición económica ni otros vínculos.

La semana pasada también vimos cómo algunos políticos empezaron a ser sancionados por faltas al financiamiento de la política. Quizás a muchos en la sociedad civil nos parecen bajas, pero no cabe duda de que la sanción moral de verse sentados en el banquillo y condenados por los medios y la ciudadanía hará que en el futuro muchos piensen dos veces recibir dinero de forma ilegal.

Lo anterior va de la mano con otra discusión en el Congreso, que busca sancionar con penas de cárcel la colusión, como las que hemos conocido en los últimos meses y años: las farmacias, los pollos y, últimamente, el papel higiénico.

Aunque el objetivo no es llenar nuestras cárceles con más personas, sí parece necesario que aquellos con más poder político o económico reciban las mismas sanciones que las que cualquiera de nosotros recibiría por otro tipo de delitos de la misma gravedad. Al final del día, hay que equiparar la cancha para que este sea un país más democrático y sin privilegios para algunos y, al mismo tiempo, establecer desincentivos poderosos para que no sigan ocurriendo estas situaciones que nos perjudican a todos, de manera casi impune.


Disponible en La Hora.

* Fotografía La Tercera.