“Un Bielsazo para Bachelet”

04-03-2015

Los despropósitos iniciales, sumado a los silencios y vacilaciones posteriores de quienes debían tempranamente dar la cara y actuar con prístina voluntad y decisión, colaboraron a que este misil golpeara en la línea de flotación de lo que esta administración y su Presidenta representan.

 

El debilitamiento de la popularidad de la Presidenta de la República y la sostenida caída en su aprobación ciudadana, son fenómenos que se iniciaron hace varios meses y no deberían constituir una sorpresa para nadie. La resistencia ciudadana hacia la forma en que se diseñaron y discutieron algunas de sus reformas, un evidente deterioro de la situación económica, lo que contribuyó a un mayor clima de incertidumbre, como el modesto manejo político del gobierno y la deficiente gestión estatal, son todas variables que inciden en lo que hace algunos años parecía imposible: que Bachelet descendiera al fango de la arena política y dejara el cómodo espacio de siempre estar por sobre del bien y del mal.

Y cuando un promisorio fin de año político para el oficialismo auguraba que las cosas podían revertirse, el caso Caval sepultó tal esperanza, profundizaron la tendencia, tal como lo reflejan los resultados de la encuesta Adimark. Soy de los que aposté a que esta crisis, bien afrontada y resuelta por Bachelet, podía transformarse en un punto de inflexión y reconducirse en términos positivos para el gobierno y el país; pero me equivoqué. Los despropósitos iniciales, sumado a los silencios y vacilaciones posteriores de quienes debían tempranamente dar la cara y actuar con prístina voluntad y decisión, colaboraron a que este misil golpeara en la línea de flotación de lo que esta administración y su Presidenta representan, tanto en términos políticos, simbólicos y estéticos.

Cuando uno observa la tendencia en las encuestas durante el anterior gobierno de Sebastián Piñera, es fácil advertir como lo ocurrido en torno a la selección chilena y la renuncia de Marcelo Bielsa, marcaron definitivamente el destino en la relación del ex Presidente con los ciudadanos; acontecimiento del cual nunca logró desprenderse y recuperarse. Sin ir más lejos, algo similar podría ocurrir esta vez, ya que son dos casos fáciles de entender por la ciudadanía, y cuyo repudio conecta con el más básico sentido común de las personas.

Y lo peor es que las cosas pudieron haber sido distintas. Una democracia nunca está libre de la ocurrencia de estos hechos, pero la forma de afrontarlos es lo que hace toda la diferencia. Imaginemos por un momento que después de haber estallado el escándalo, Bachelet hubiera interrumpido sus vacaciones para dirigirse al país y decir tres simples cosas. Primero, que repudiaba moralmente lo ocurrido, pues contravenía y traicionaba el sentido más básico de la acción de su gobierno y de las transformaciones que éste estaba propiciando para Chile. Segundo, que le pedía en forma inmediata la renuncia a su hijo, sin esperar fallo judicial alguno, pues el estándar ético y profesional de los funcionarios públicos debía estar muy por sobre de lo que obliga la ley. Tercero, que utilizaría todo su poder para reparar el mal causado, comenzando por de pronto con la rescisión del contrato de compraventa.

De haber ocurrido algo así las cosas ciertamente serían distintas. Y eso era lo que yo esperaba de mi Presidenta de la República.

Disponible en Voces de La Tercera