“Un periodismo riguroso: más necesario que nunca”

Un periodismo riguroso y crítico ha cumplido un rol clave en el escrutinio de las autoridades públicas. Detrás de la seguidilla de escándalos de corrupción de los últimos años, los medios de comunicación han develado un sinfín de nuevos antecedentes.

28-02-2017

En los últimos meses, el mundo entero se ha puesto en alerta ante la llegada al poder de Donald Trump. Los medios de comunicación, acusados de ser el “enemigo del pueblo”, han sido un blanco recurrente del estilo frontal del nuevo mandatario de los Estados Unidos. Resistiendo los ataques, sin embargo, gigantes de la prensa escrita tales como el Washington Post y el New York Times han jugado un papel clave en el cuestionamiento de la actual administración. El logro más visible de dicho trabajo es la renuncia del asesor de seguridad nacional Michael Flynn, quien duró 24 días en su cargo luego de que el Washington Post develara que había ocultado información sobre el contenido de sus conversaciones con el embajador ruso en los Estados Unidos. En paralelo, las “noticias falsas” y los “hechos alternativos”, los cuales rápidamente se han transformado en un sello característico del gobierno de Trump, han reanimado el debate sobre la importancia de que los medios de comunicación provean un análisis crítico de los tomadores de decisión y sus declaraciones. Además del auge del factchecking, medios de comunicación como CNN han empezado a incluir títulos como “Trump reitera su mentira” en sus transmisiones para referirse a declaraciones que probadamente son falsas.

También en Chile, un periodismo riguroso y crítico ha cumplido un rol clave en el escrutinio de las autoridades públicas. Detrás de la seguidilla de escándalos de corrupción de los últimos años, los medios de comunicación han develado un sinfín de nuevos antecedentes que han contribuido a esclarecer el complejo trazado del financiamiento irregular de la política. Asimismo, han dado a conocer otros casos de alta connotación pública. En febrero de 2015, estalló el caso Caval luego de que la revista Qué Pasa revelara que la empresa de la nuera de la Presidenta Bachelet había obtenido un crédito de más de US$ 10 millones del Banco de Chile a través de un procedimiento que distaba mucho de seguir el conducto regular. A eso le siguieron querellas por delitos tributarios y estafa. El semanario The Clinic, por otra parte, mostró cómo militares de alto rango se dedicaron durante años a desviar fondos de la Ley Reservada del Cobre. El denominado “Milicogate” no solo condujo a que el Consejo de Defensa del Estado se querellara contra sus principales implicados, sino que motivó también que la principal recomendación de la comisión especial investigadora de la Cámara de Diputados fuera la derogación de la Ley Reservada del Cobre.

En una época en la que los cimientos de la democracia se ven debilitados por la concentración del poder, la amenaza a minorías sociales y una corrupción institucionalmente enraizada, los pequeños triunfos por parte de un periodismo de excelencia tanto en Chile como en el resto del mundo son alentadores. Las noticias que diariamente nos llegan –  solo piensen en las últimas revelaciones relacionadas al caso Odebrecht en toda América Latina – solo confirman la urgencia de contar con más investigación por parte de los medios de comunicación. Si bien el desafío es mayúsculo, iniciativas como la creación de un consorcio de medios como en el caso de los Panamá papers y el auge de suscripciones que han reporteado distintos diarios en el mundo, muestran que tanto los medios como sus públicos se están adaptando a los desafíos que enfrenta la democracia.

Disponible en La Tercera