Una generación

Es una generación que fue testigo de cómo aquellos que perdieron la democracia en los 70 volvieron por su revancha, que admiró el compromiso

13-05-2015

Soy de una generación que acabó su enseñanza secundaria en dictadura, un tiempo en el cual politizamos nuestras vidas, la misma que ingresó a la educación universitaria en los 90, con la promesa de la meritocracia. Una generación en la cual, si no existían redes familiares para el desarrollo personal, éstas se construyeron al amparo de la política, en los gabinetes de los ministerios, servicios públicos, intendencias y gobernaciones. Esta generación también forjó un grupo de tecnócratas especializados en políticas públicas, que han copado la discusión pública y universitaria del último tiempo.

Esta es una generación que se ilusionó con la modernización de Chile en la democracia de los 90, que comulgó sin ningún inconveniente con el pragmatismo del mercado para la corrección de las desigualdades, que creyó en los resultados del propio esfuerzo y que se esperanzó con el éxito de sus carreras profesionales. Es una generación que fue testigo de cómo aquellos que perdieron la democracia en los 70 volvieron por su revancha, que admiró el compromiso de la generación de los 80, pero que también conoció su sistemática postergación hasta el día de hoy.

Esta es una generación de tecnócratas, académicos, jefes de gabinete, directivos públicos, columnistas, analistas políticos, intelectuales públicos y profesionales interesados en los asuntos públicos, que con la llegada de Bachelet a su segundo mandato parecía transformarse en la que produciría un recambio en la política nacional; pero las cosas no fueron así, una crisis institucional, que suele ocurrir de tanto en tanto, pero administrada incorrectamente, puede terminar por postergarla transitoriamente.

Más allá de los reproches personales sobre esta crisis, se objeta que ésta es una generación que tenía la responsabilidad de la conducción política del país, pero que le faltó experiencia, canas y redes, aquellos atributos que sólo tienen algunos. Esos mismos reproches se le formulan para asumir otros cargos de responsabilidad, se dice que son tecnócratas y que aún les falta para dirigir.

Cada generación tiene sus tiempos y desafíos, a algunas les corresponden períodos de sacrificios y a otros de gloria. En tiempos de cólera, es conveniente preguntarse si las convicciones con las que se ha vivido son las correctas, si las prácticas implementadas son legítimas y si acaso no será el momento de interrogarse sobre qué se debe hacer para lograr la experiencia que se reclama. Esta no es sólo una cuestión de años, es también un asunto de los límites de la soberbia y la ambición. Quizá estas últimas son las que han sobrado, pero ahora habrá un tiempo para pensar sobre eso.


Disponible en La Segunda