“¿Yo no soy Charlie?”

14-01-2015

¿Se puede solidarizar con Charlie Hebdo y a su vez condenar la política interna y exterior de Francia? Absolutamente. Basta usar la cabeza. Y un mínimo de sentido común.

 

El día sábado, estando en casa, di con el partido del Paris Saint Germain y el Sporting de Bastia en la televisión por cable. El encuentro, que se jugó en la isla de Córcega, finalizó sorpresivamente 4-2 en favor del equipo local. En lo deportivo se trató más de una farra del visitante que de los aciertos de la oncena local. El PSG, que disputa la punta de la liga francesa con el Olympique de Marcelo Bielsa, dominaba el partido, se había puesto adelante en el marcador pero no pudo frente a groseros errores en defensa que caracterizaron el segundo tiempo. Un festín para los delanteros del Sporting. Fin del encuentro. Era solo un partido más de liga, pero la celebración, créanme, fue propia de una final de la Champions. Y es que tras doce años, el emblemático equipo local, que recoge y aglutina el sentimiento anti francés de los nacionalistas y regionalistas corsos, derrotaba al representante de la metrópolis colonial. Y lo hacía de forma humillante, remontando un 0-2 y culminando la faena con una goleada histórica. Vuelta olímpica y fiesta nacional en la isla.

El partido me hizo reflexionar sobre el atentado en París y el lema “Yo no soy Charlie”, equivocado para mi gusto, que algunos han hecho suyo debido al oscuro historial del país galo. Es cierto, Francia no es ningún baluarte mundial de igualdad, libertad y fraternidad, por más que Hollande trate de convencernos de lo contrario. En su política interna, allí están las reivindicaciones nacionales de bretones, corsos y vascos, sin respuesta y, lo que es peor, aplastadas en pleno siglo XXI por el bulldozer de la asimilación a la República y políticas xenófobas de larga data. Lo mismo sucede en Oceanía, a más de veinte mil kilómetros del Arco de Triunfo y las oficinas del presidente Hollande. Nueva Caledonia, la última de sus colonias de ultramar que lucha por dejar de serlo. En 1998, los Acuerdos de Numea entre Francia y la nación kanak acordaron la realización de un referéndum de independencia entre 2014 y 2018. Desde entonces, el estado francés ha puesto toda su maquinaria colonial en marcha para impedirlo. O para inclinar la balanza política a su favor en caso de llegar a realizarse.

No, Francia no es para nada sinónimo de libertades. Así también lo demuestra su política exterior, fiel compañero de aventuras bélicas del Pentágono y la Casa Blanca por el Tercer Mundo. “Nuestro aliado más antiguo”, llamó a Francia el Presidente Barack Obama en los últimos días y vaya sí tiene razón. Juntos han bombardeado población civil árabe defendiendo mezquinos intereses estratégicos. “Lucha contra el terrorismo” le llaman. Raro concepto. Al Qaeda a fines de los 90’, ISIS en los últimos años, hijos no reconocidos de la propia intromisión de las democracias occidentales en el mundo árabe. Desde la caída del Imperio Otomano, cuando Inglaterra y Francia se repartieron el norte de Africa con un lápiz y una regla. Argelia, triste recordatorio de un pasado colonial de mazmorras, torturas y asesinatos políticos. Un millón y medio de musulmanes muertos fue el precio que pagaron los argelinos por su independencia. Vietnam, Laos y Camboya, otros ejemplos, aun cuando finalmente son sacados de allí a patadas por Ho Chi Min y el legendario general Vo Nguyen Giap. Como el PSG del estadio del Sporting.

Puestas así las cosas, ¿se puede solidarizar con Charlie Hebdo y a su vez condenar la política interna y exterior de Francia? Absolutamente. Basta usar la cabeza. Y un mínimo de sentido común. Lo demostraron los propios hinchas del Sporting de Bastia aquella mañana en el estadio. “Yo soy Charlie. Córcega Nación”, rezaba un gigantesco lienzo que a ratos se colaba, insolente, en la transmisión internacional. Sin abandonar su lucha, solidarizaban de esta forma con las víctimas francesas del fanatismo islámico. “En Córcega no tenemos cantantes célebres o estrellas de cine. Sporting es más que un equipo; es nuestra embajada, es nuestra nación, es nuestro país”. La cita anterior es de Olivier Vincenti, uno de los fundadores de la taberna “Bastia 1905” y da cuenta del estrecho lazo que une a los corsos con el equipo. “Yo soy Charlie. Córcega Nación”, vaya declaración de principios. ¿Saben ustedes cuántas veces “Charlie” ridiculizó al nacionalismo radical corso en sus páginas? Muchísimas. Y bueno que así sea. Ninguna bandera, ideología o religión es algo por lo cual valga la pena matar o morir. No al menos mientras exista la sátira para advertirlo. Y el fútbol como refugio de nuestros sueños.

Disponible en Voces de La Tercera