“Corrupción en el fútbol, ¿La pelota sigue manchada?”

Recordemos que aún sigue pendiente que la FIFA implemente muchas medidas básicas en gobernanza, como límites más estrictos a la reelección, incorporación de directores independientes o declaraciones de patrimonio e interés para los altos cargos. Tampoco queda claro cómo una mayor cantidad de miembros representados en el comité FIFA logra garantizar que las votaciones no sean compradas.

26-06-2018

Comenzó el Mundial de Rusia 2018, y aunque nos sigue afligiendo que nuestra selección masculina no participe, este evento puede recordarnos una historia aún más oscura: los recientes escándalos de corrupción en los que ha estado involucrada la FIFA. Los últimos esfuerzos por modificar la gobernanza de la organización, a pesar de dar ciertas luces, parecen ser aún insuficientes para que estos hechos no vuelvan a repetirse.

Las últimas revelaciones se remontan al año 2015, cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos destapó en su informe una red sistemática de corrupción que involucró a los más altos mandos del fútbol mundial. Las investigaciones revelaron pagos de sobornos en las elecciones de las últimas sedes mundialistas y acuerdos con ciertos medios para asegurar la cobertura de los eventos. Recordemos que Chile no estuvo ajeno a esta investigación. Sergio Jadue, entonces presidente de la ANFP, estuvo entre los dirigentes que recibió sobornos conectados con la venta de derechos de transmisión de los torneos.

Mientras que el último foco de irregularidades que se recuerde apunta al pago de siete millones de dólares en coimas por parte de Qatar a dirigentes de las federaciones de Asia, África y Centroamérica para asegurar la organización del evento. Más allá de su inexistente tradición futbolística, la sede árabe era considerada como una postulación de alto riesgo operacional debido a sus altas temperaturas y déficit en infraestructura deportiva. No obstante, fue elegida, gatillando el destape de uno de los casos de corrupción más importantes de los últimos tiempos.

La FIFA, en respuesta a los escándalos, implementó una serie de reformas a su gobernanza. Se estableció un límite de 12 años para mandatos del presidente y consejeros, se aumentó el número de miembros del comité ejecutivo (hoy comité de la FIFA), se implementaron medidas de transparencia en salarios, chequeos de integridad e inclusión de mujeres, garantizando al menos una representante por confederación.

Esta agenda de reformas fue impulsada por la denominada Comisión de Reformas de la FIFA 2016 conformada por miembros de las seis confederaciones y un presidente independiente. A pesar de los esfuerzos por escuchar a comisiones autónomas como la de Auditoría o Gobernanza de la FIFA, resulta importante que los miembros fueran designados por el mismo Comité Ejecutivo.

Esquemas de este tipo, que no consideran comisiones totalmente independientes y que no garantizan canales claros de monitoreo por parte de la sociedad civil, están lejos de los estándares que este tipo de organizaciones debiese cumplir. Evitar los espacios de captura y corrupción -junto con representar a la gran variedad de actores del mundo del fútbol- debiese ser un mínimo a cumplir más que una reforma a aplaudir. Sin embargo, no todo son malas noticias. La elección de Estados Unidos, Canadá y México como sede del mundial de 2026 bajo estas nuevas reglas da la señal de que, sin duda, se eligió a la candidatura con mayor capacidad de gestionar el evento sin que existieran sospechas de corrupción.

No obstante, no hay que cantar victoria. Recordemos que aún sigue pendiente que la FIFA implemente muchas medidas básicas en gobernanza, como límites más estrictos a la reelección, incorporación de directores independientes o declaraciones de patrimonio e interés para los altos cargos. Tampoco queda claro cómo una mayor cantidad de miembros representados en el comité FIFA logra garantizar que las votaciones no sean compradas.

Los escándalos de corrupción deben ser tomados como una oportunidad para hacer reformas que en otro escenario no se realizarían. No obstante, sin una cesión real de poder que involucre democratizar la toma de decisiones y disminuir los espacios de discrecionalidad, es poco probable que estos esfuerzos representen un avance real hacia mayor probidad y transparencia a largo plazo. Ahora, solo el tiempo dirá si los esfuerzos realizados logran ser un avance real hacia mayor probidad y mejor gobernanza para la organización rectora del futbol mundial.

Disponible en El Desconcierto