«El nuevo pacto»

«Es inevitable que acordemos un mecanismo para la recuperación tras la pandemia. La elección de cómo hacerlo depende exclusivamente de nosotros»

15-06-2020

La crisis humanitaria y económica provocada por el covid-19, así como los problemas locales que en diversos países han concurrido con ella, como el racismo y la brutalidad policial, han provocado protestas que tienen en común la demanda por un nuevo pacto social. Días atrás una mujer afroestadounidense, en una indignada pero asertiva declaración ante una cámara de televisión, tras la muerte George Floyd, señalaba: ‘Cuando preguntan por qué hemos quemado nuestra comunidad’ es que ‘no somos dueños de nada’, ‘tenemos un contrato social’, pero ustedes ‘rompieron el contrato’ y no les importo nada; ‘por mí que se queme todo desde los cimientos’, y aún así ‘no sería suficiente’. Y terminó con una frase tan desgarradora como digna: ‘Agradezcan que el pueblo negro quiere igualdad y no venganza’. Expresiones similares se han escuchado en Chile desde octubre del año pasado.

Hace pocos días se dio a conocer el Índice de Paz Global de 2020, que da cuenta que más de la mitad de los países analizados tuvieron un 2019 convulsionado. Sin embargo, lo más relevante es que el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), autor del índice, ha advertido que los efectos económicos y sociales del covid-19 pueden deteriorar sustantivamente los indicadores de la pasada década, consecuencia del aumento del desempleo, el limitado acceso a alimentos, la inestabilidad económica, el impacto en los presupuestos públicos, la polarización y el incremento de la pobreza. El mundo carece hoy, según los autores del informe, de un enfoque verosímil para enfrentar esta crisis, agudizando la desigualdad y la credibilidad del sistema político. Según el IEP, Chile arribó a ella con condiciones económicas previas favorables, pero con un bajo índice positivo de paz social, lo que implica un riesgo para la recuperación, espacio que comparte con países como Estados Unidos, Rusia, México, Israel, Turquía, China, entre otros.

De ahí que sea inevitable que acordemos un mecanismo para la recuperación tras la pandemia, en base a un leal y genuino pacto que promueva la cohesión social y el respeto mutuo. La elección de cómo hacerlo depende exclusivamente de nosotros. Por eso la interpelación del senador Carlos Montes, días atrás, es tan importante: ‘La responsabilidad que tenemos de llegar al acuerdo es ética, política y humana’. Porque al final del día, tras el agobio de estos largos meses, las personas solo demandan que existan condiciones elementales para un buen vivir, en el cual todos cumplan con sus deberes en proporción a sus responsabilidades. Esto no es para satisfacer una sed de revancha ni venganza contra los que más tienen. Es simplemente una cuestión de dignidad y de paz social, sin lo cual no hay futuro común posible.

Publicada en La Segunda.