La complejidad migratoria

«Esta nueva legislación deberá entender la migración como una política de Estado, con visión de largo plazo y con el entendimiento de que este fenómeno es parte de un contexto complejo y multivariable»

17-08-2020

Pareciera ser que para algunos la migración es un fenómeno que puede ser tratado como un ‘grifo de agua’ y que el mejor recurso es el eslogan del miedo. Lamentablemente -sobre todo en las últimas semanas- hemos visto cómo la discusión migratoria puede estar repleta de prejuicios y simplismos.

En primer lugar, la base de datos DEMIG Project, que analiza 6.500 cambios de política migratoria en 45 países desde 1900 demostró que la migración se ha mantenido estable en alrededor de un 3% de la población mundial. Sin embargo, ha habido cambios sobre la dirección de los flujos migratorios, surgiendo nuevos países de origen y destino de la migración, lo que es evidente en el caso chileno. Además, algunas investigaciones entregan evidencia sobre cómo los regímenes de migración se han vuelto cada vez más complejos. Hablar de política migratoria no puede ser una discusión binaria. Políticas migratorias de corto plazo y con incapacidad de entender el contexto en el que se da el flujo migratorio solo facilitarían el aumento de irregularidad y el crecimiento del crimen transnacional, entre otros efectos.

En segundo lugar, la migración es un fenómeno complejo y no se trata de un asunto que pueda «resolver» un Estado por sí solo. Deben existir coordinaciones regionales que permitan una movilidad ordenada y que reconozcan que las políticas migratorias pueden tener efectos no deseados, como por ejemplo las ‘sustituciones categóricas’, donde los migrantes optan por otros canales de ingreso. Para ilustrar, un estudio realizado en 29 estados europeos en la década de 2000 estimó que un aumento del 10% en el rechazo de visas de corta duración tiene como efecto un aumento de un 4% a 7% en ingresos fronterizos irregulares. Esto mismo puede ser visto en el aumento de ingresos por pasos no habilitados en los años 2018 y 2019 en Chile, por los colectivos dominicano, venezolano y haitiano. Por lo anterior, sigue llamando la atención que Chile se restara de firmar el Pacto por una migración ordenada, segura y regular el año 2018.

Para analizar hasta qué punto las políticas pueden determinar los flujos migratorios hay que considerar también por qué las personas dejan el lugar donde residen. Por ejemplo la creciente demanda de mano de obra que realiza el mercado laboral del país de destino o las condiciones de inseguridad que viven los potenciales migrantes en sus países de origen. La migración internacional es una manifestación de las estructuras globales de ventaja y desventaja social, y frente a eso, las políticas migratorias tienen muy poca capacidad de acción.

Chile se encuentra en la etapa final de aprobar una nueva ley migratoria. Esta nueva legislación deberá entender la migración como una política de Estado, con visión de largo plazo y con el entendimiento de que este fenómeno es parte de un contexto complejo y multivariable. Eslóganes y simplismos en nada contribuyen.

Publicada en La Tercera.